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La primera cuestión que me planteé antes de abordar el texto fue la de desde dónde interrogarlo, ¿desde nuestro presente o desde el presente en que fue escrito? Como comprobaréis bascularé entre aquel Lacan y el Lacan más contemporáneo, pues a mi juicio resultaba el abordaje más personal y fértil. 

Leyendo y releyendo el «Discurso de Roma»[1] son muchos los fragmentos que, como fogonazos, me saltaron a la vista, pero el que terminómirándome a mí, tornándose más brillante, fue aquel que sigue al pasaje en el que Lacansitúa las determinaciones del inconsciente en las «leyes de la palabra donde los linajes fundas sus derechos» y donde afirma que el juego de las pulsiones, quizá resorte de la afectividad, solo aporta al inconsciente un tipo de articulación, unilateral y parcelaria, (págs.151-152). El fragmento es el siguiente:

La impresión solo vale como significante en el drama. De este modo, ¿cómo concebir que una «carga afectiva» permanezca atada a un pasado olvidado, si justamente el inconsciente no fuera sujeto de pleno ejercicio, y si el deus de la ranura afectiva no saliera justamente de la machina integral de una dialéctica sin corte?

No pierdo de vista para interpretar estas líneas que Lacan acaba de apoyarse en Freud para afirmar que para que el sujeto pueda constituir lo reprimido antes debe haberlo asumido como palabra, y tampoco dejo de lado su previa afirmación de que un analista no puede llamarse tal si no centra su interés en el compromiso que el analizante tiene adquirido con el orden simbólico, con el lenguaje.

En el Seminario sobre la psicosis Lacan afirma con expresa intención, aunque no deliberada, que su discurso se desarrolla de manera tal que ofrece a su receptor la manera de no comprenderlo cabalmente. Este margen, dice, «permite que ustedes mismos digan que creen seguirme, vale decir, que permanecen en una posición problemática, que siempre deja la puerta abierta a una progresiva rectificación» (2012: 233). Es por esa cualidad de la enseñanza de Lacan que el fragmento seleccionado invita a la disquisición y al debate, sobre todo porque, como recordaréis, en la intervención de Adolfo salió a la palestra y fue interpretado mayoritariamente en relación con la pulsión. Mi lectura, en cambio, apunta en otra dirección, e intentaré transmitir el recorrido que me ha conducido al final a una problematización sobre la ascendencia del analista en el inconsciente del analizante.

En el dispositivo analítico no se trabaja tanto con sensaciones, ni con impresiones, ni siquiera con el lenguaje entendido como comunicación, sino con significantes, donde lo importante reside en cómo están articulados entre ellos. La carga afectiva, la impresión, cae bajo el efecto de la represión, y necesita ser representada para poder formar parte de la historización del sujeto, y el modo de hacerlo es vía significante. De ahí que, solo así, pueda tener un papel en el drama. El escenario de estaficciónes el orden simbólico.

«La impresión solo vale como significante en el drama », nos dice Lacan, yno es esta la única vez que recurre a una metáfora perteneciente a las artes escénicas o cinematográficas. En «El psicoanálisis verdadero, y el falso », un texto de 1958, puede leerse lo siguiente:

Ninguna promoción de la intersubjetividad en la personología humana podría articularse, pues, sino a partir de la introducción de Otro como lugar de la palabra. Se trata de esa otra escena […] en la que Freud […] designa desde el origen el plató gobernado por la tramoya del inconsciente (pág. 183).

El inconsciente entonces, en este momento de la enseñanza, es un saber basado en la articulación de los significantes, o en palabras de Miller,«un saber en el que se busca algo » (Miller, 2007: 221), es una tramoya que encuentra su asidero en la materialidad del lenguaje. ¿Y qué es lo que caracteriza una tramoya? La transformación, el prodigio, el ingenio (DRAE). Es decir, una maquinaria que gobierna, rige al sujeto, cuyo estatutohay que ubicar del lado de la sorpresa, de la aparición. Y ahí el lapsus, el chiste, el tejido del sueño…

Pero mucho más concreta e interesante es la metáfora que encontramos en el «Discurso de Roma » del deus ex maquina, expresión latina que alude a un instrumento mecánico que hace posible la entrada de un dios o ser sobrenatural que, con su intervención, da un giro a la acción dramática [el drama] con el fin de encontrar una salida a un conflicto humanamente irresoluble.

Recuerdo esas líneas de nuevo:

¿Cómo concebir que una «carga afectiva » permanezca atada a un pasado olvidado, si justamente el inconsciente no fuera sujeto de pleno ejercicio, y si el deus de la ranura afectiva no saliera justamente de la machina integral de una dialéctica sin corte?

A mi entender la interpretación del fragmento remite a la idea de que el afecto, o lo que es lo mismo, lo reprimido en el inconsciente, pugna por retornar, pero lo hace oblicuamente, es decir, haciéndose representar por el significante. El modo en que emerge es por vía de la sorpresa, y lo hace en las escansiones que el deusde esta metáfora produce en el sentido (y a esto pienso que remite cuando habla de la dialéctica sin corte, es decir en la cadena significante S1-S2, el relato familiar o fantasmático, la rememoración).Este corte produce o puede producir efectos de sentido. No creo que esta sea una lectura forzada del fragmento, en tanto que es el propio Lacan quien parece establecer las correspondencias analógicas precisamente en el apartado que sigue.

El sentido no se suspende más que para precipitarse hacia una salida fecunda o ruinosa de lo que fue problema u ordalía. Nada se representa allí que no tome lugar en alguna frase, aunque sea interrumpida, que no se sostenga en una puntuación, aunque sea errónea.

 Lo que sí puede resultar ya un forzamiento del texto es el camino por el entraré ahora, pero de nuevo es el propio Lacan quien me anima a hacerlo cuando, en el Seminario 23, el Sinthome, reconoce la grata sorpresa que le produjo releyendo «la significación del falo», texto de 1958, haber encontrado la descripción del nudo como resorte de la castración en una época en la que no se había interesado en el nudo borromeo (116). Concretando, y lo expresaré en forma de pregunta ¿podría verse en esta retrato del inconsciente trazas de la formulación del inconsciente dinámico y discontinuo regido por una lógica de apertura y cierre que establece en el Seminario 11?

Comenzaré, si me lo permitís, con una nueva cita, esta vez perteneciente al Seminario11, el de Los cuatro conceptos, un texto que, como bien sabéis, introduce una escansión en la enseñanza de Lacan.

Lo óntico, en la función del inconsciente, es la ranura, por donde ese algo, cuya aventura en nuestro campo parece tan corta, sale a la luz un instante, porque el segundo tiempo, que es el de cierre, da a esta captación un aspecto evanescente (39).

De nuevo, esta noción de ranura[2] que nos sitúa ante una concepción del inconsciente como algo pulsátil,[3] pues es en la discontinuidad como él se aparece (Lacan, 2010: 33).

En el primer Lacan el inconsciente está estructurado como un lenguaje, y allí el síntoma está estrechamente ligado a él y es susceptible de ser descifrado. En el «Discurso de Roma»Lacan lo explicita del modo siguiente: «al orden simbólico y a ningún otro pertenece el fenómeno del inconsciente» (151). Este inconsciente tiene una fuerte relación con la verdad; el analizante no sabe que sabe, y como solemos decir, es hablado por A. Es el inconsciente tomado como historia, una historia, que a decir de Miller, «puede no ser reconocida, y este no reconocido sería acá su inconsciente» (2012: 39).[4] Y el mismo estatuto de relato aspira a una continuidad y a un esfuerzo de comunicación con el otro (Miller, 2013: 41). Inconsciente, por tanto, sometido a las leyes del lenguaje y que cristaliza en el conocido enunciado que reza «el inconsciente es el discurso del Otro». Estaconcepción del inconsciente es la más próxima a Freud, pues lo que Lacan hace es aplicar la estructura clínica de aquel a la estructura lingüística (Torres, 2008: 28).

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En el Seminario 11 Lacan complejiza esta formulación del inconsciente como estructura de lenguaje con la inserción del objeto a, entendido como desperdicio, como resto,dándose cuenta de que el inconsciente freudiano tiene límites. En este seminario Lacan demuestra que la pulsión se ordena en orificios homólogos a los del inconsciente, y este está pensado de la misma manera que la pulsión, a saber, como un orificio que se abre y se cierra. De manera que el inconsciente pasa a ser solidario del concepto de pulsión (Torres, 2008: 51).[5] Un inconsciente pensado como la alternancia alienación-separación, del mismo modo que la zona erógena. Por tanto, un inconsciente ligado a la repetición en su vertiente de alienación, es decir, en su vertiente significante (la repetición significante del S1-S2), y un inconsciente ligado a la compulsión de repetición freudiana en su vertiente de goce.Formulación que trata de establecer una relación entre significante y goce.[6] (Quizá esa es la razón por la que el pasaje del «Discurso de Roma» seleccionado sepreste a ser interpretado desde el lado de pulsión y desde el lado del inconsciente).Un inconsciente, decía, que merced a la transferencia, se realiza, se produce. Ya no se trata de una concepción de inconsciente como reservorio, como enigma a descifrar, sino como devenir. Cito a Lacan en el Seminario 11: «En algún lugar digo que el inconsciente es el discurso del Otro. Pero el discurso del Otro que hay que realizar, el del inconsciente, no está detrás del cierre, está fuera. Es quien pide, por boca del analista, que vuelvan a abrir los postigos » (2010: 137).

Por último, y aquí las arenas se me hacen todavía más movedizas, la noción de inconsciente como fuera de sentido. En el «Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11», un texto coetáneo a su seminario sobre el Sinthome,marcado por una escritura con menos afán comunicativo que poético, Lacan sorprende con una ubicación del inconsciente que sirve tanto de definición como de indefinición.[7]Dice allí: «Cuando el espacio de un lapsus ya no tiene ningún alcance de sentido, de interpretación, solo entonces uno está seguro de estar en el inconsciente» y tras reconocer lo mucho que ha cambiado el psicoanálisis desde que ex-siste, afirma que el inconsciente es real (2012: 599).¿Se trata ahora de dejar fuera la interpretación? ¿De romper la cadena S1-S2?[8]Y así las cosas, si el inconsciente ahora se separa de la interpretación, ¿dónde queda la concepción del inconsciente como primer intérprete?[9]

Miller, en la exégesis que hace del Prefacio, considera que esta frase niega el inconsciente transferencial (2013: 14), y aún más, en esta vuelta de tuerca, el inconsciente es solitario, esto es, no opera a partir del sujeto supuesto saber, que es exterior al sujeto, no se organiza en comunicación con el otro; sin memoria, sin historia, lo real se superpone a lo verdadero.[10]Es un inconsciente sin leyes que ya había introducido en el seminario del Sinthome.[11] Esta obliteración de lo simbólico conduce a un abordaje del inconsciente desde el lado de la psicosis, concretamente desde la rivera de la paranoia, que es por donde nos conduce Miller. Más allá de la historia del sujeto, algo que pasa por la transferencia, el relato, el saber, está una noción de inconsciente separada del sentido, del Otro, y en estrecha relación con los fenómenos del cuerpo, con el goce.

Llegados a este punto, en aras de la brevedad exigida por este espacio y por la imposibilidad de ir más allá en el esclarecimiento, tuve que poner un límite y renunciar a continuar por el camino del inconsciente real. No obstante, en el apartado que acabo de mencionar, en el artículo «Historización»de Miller(2013: 47), se encuentra un párrafo que, aun sabiendo que caigo en una reducción colosal, me ha permitido salir, al menos provisionalmente, del atolladero en el que me he introducido, y es el siguiente:

Si vamos a distinguir dos campos como lo implica de antemano el término forclusión, tenemos dos lados. De un lado, el inconsciente en el que están activos la represión y el retorno de lo reprimido, con retroacciones significantes en la misma dimensión de la historia. Del otro lado, tenemos una X en lo real, forcluída, que no obedece a las leyes, lo que implica que esté de algún modo ubicada como un hecho de no simbolización.

Esta multidimensionalidad del inconsciente[12]es lo que me proporciona una clave que me permite ordenar algunas ideas. Porque el interés en abordar estos paradigmas del inconsciente, si se me permite decirlo así, no era otro que la pregunta sobre qué es, o cómo hace, un analista, porque ¿en qué afecta a esta instanciay a su praxis los cambios que se producen en la noción de inconsciente?

Como avisé al principio, quizá sea esta la parte más ingenua de mi exposición, pero os recuerdo el sentido olvidado de este término: sincera.

En la primera noción de inconsciente el analista ocupa el lugar de A, sanciona los dichos del analizante dándole un valor fuera del código, extrayendo del sinsentido un posible sentido. El analista es intérprete cuando habla, cuando calla, cuando sorprende con un ex abrupto. El analista es un «ayudante» y se coloca en esa posición que favorece el reconocimiento de su historia al analizante.

Volviendo al «Discurso de Roma». En las respuestas a las intervenciones que le siguen, Lacan vuelve a recurrir a la metáfora del decorado para referirse a la acción del analista, afirmando que la palabra que cura en el análisis no es sino la de este:

Por eso al hablar del bang-bang de la interpretación verdadera, usaría una imagen bastante adecuada a la rapidez con la que ella debe adelantarse a la defensa del sujeto, a la noche en que ella debe sumergirlo, para que haga resurgir a tientas los bastidores de la realidad sin la iluminación del decorado. (Lacan, 2012: 174)

La idea de SsS de Lacan es correlativa al Seminario 11, donde el analista forma parte del inconsciente y está estrechamente vinculado al movimiento de apertura y cierre de este. El analista es aquí un cualquiera (S àSq),[13]y la maquinaria del inconsciente se pone en marcha a partir de un significante que le viene de A.  Circunscritos todavía al marco del inconsciente transferencial, además de representar a A y de asumir la función de una particular escucha que incluye la interpretación, el analista pasa a ocupar también el lugar que permite el trayecto de la pulsión, es decir, ocupa el lugar de objeto a, lo que puede procurar al analizante una rectificación en el registro de su goce. En este sentido, y haciéndome eco de un interrogante planteado como problemático por Estela Paskvan, dejo abierta para la discusión la siguiente cuestión: si el inconsciente está por realizar y una intervención del analista con un significante concreto (en el caso de Estela era “ánimo”) marca el fin de la experiencia analítica, ¿qué ocurre si en lugar de ese significante el analista hubiera intervenido con otro? ¿Podría aplicarse aquí para arrojar algo de luz el neologismo lacaniano de varidad?[14]

Por último, y volviendo al laberinto de la última enseñanza de Lacan, donde estamos más allá del inconsciente transferencial, solidario al Nombre del Padre, (Miller, 2012: 102) ¿en qué lugar queda el analista si este inconsciente es exterior al SsS y está fuera de la producción del sentido y de la interpretación? Tanto la asociación como la interpretación del analista son un fallar, dice Miller, «porque no hay verdad que, al pasar por la atención, no mienta». En lo real del inconsciente, el analista ya no es un ayudante, es una suerte de intruso (Miller, 2013: 41):«no hay amistad que el inconsciente soporte», dice Lacan en el Prefacio.

Si atravesada la frontera de la transferencialidad del inconsciente[15] ya no hay gran Otro, ya no hay palabra dirigida al Otro, sino que de lo que se trata es de la palabra-satisfacción (o palabra-pulsión), discurso del Uno; palabra no comunicativa, sino «palpitación de un goce» (Miller, 2012: 76), ¿en qué lugar queda el analista? Imaginariamente, trae su cuerpo, sí, pero solo?Y el analizante, ¿se avista aquí el momento del pase?

Voy concluyendo. Vista diacrónicamente, si es que no estamos siempre yendo y viniendo, la enseñanza de Lacan nunca parte de una condición de tabula rasa, y este es a mi juicio, el mejor enfoque para el abordaje de su enseñanza. Los conceptos no se anulan, sino que amplían sus límites, sirven de cimiento para nuevos conceptos. Mientras leía algunos artículos de Miller incluidos en Piezas sueltas, me entusiasmaba con el desarrollo y las sustituciones teóricas que operanen la enseñanza de Lacan: del concepto de lenguaje al de lalengua; de la estructura-división a la estructura-sistema; del síntoma al sinthome; de Freud a Joyce; de la verdad al goce; de la interpretación a la reducción,[16] y otras parejas conceptuales varias. Avanzaba en la lectura confiando en llegar a algo relacionado con el analista, pero no lo hallé, y fruto de ese agujero son las preguntas seriadas que están diseminadas en este texto, porque siempre me han interesado más las preguntas que las respuestas.

Tras el camino transitado para la elaboración de este texto solo puedo decir que, como suele ocurrir, he vislumbrado con mayor claridad algunos conceptos, mientras que otros se han oscurecido más; me he embrollado con unos y con otros hasta llegar a callejones sin salida que habrán podido percibirse en la lectura, pero también me ha vuelto más tolerante con las contradicciones y paradojas que se encuentran en la enseñanza de Lacan, reafirmando una vez más el abandono de una idea hace tiempo abrazada: la de la obtención de un saber TODO.

Rosa DuráCelma

rosa.dura@uv.es

(Valencia 7 de mayo de 2014)

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Lacan, Jacques, «Discurso de Roma», Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.

Lacan, Jacques, «El psicoanálisis verdadero, y el falso», Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.

Lacan, Jacques, «Prefacio a la versión inglesa del Seminario 11», Otros escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012.

Lacan, Jacques, Seminario 3.  La psicosis, Buenos Aires, Paidós, 1984.

Lacan, Jacques, Seminario 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2010.

Lacan, Jacques, Seminario 23. El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006.

Torres, Mónica, «Fracaso del inconsciente, amor al síntoma», Buenos Aires, Grama, 2008.

Miller, J.A, «Del saber inconsciente a la causa freudiana », Introducción a la clínica lacaniana, Barcelona, RBA, 2007.

Miller, Jacques-Alain, «El inconsciente ≡ intérprete» (1995), Introducción a la clínica lacaniana, Barcelona, RBA, 2007, 395-427.

Miller, J.A, Piezas sueltas, Buenos Aires, Paidós, 2013.

Miller, J.A, El ultimísimo Lacan, Buenos Aires, Paidós, 2012.

Estébanez Calderón, Demetrio, Diccionario de términos literarios, Madrid, Alianza, 1996.

 

[1] En «El psicoanálisis verdadero, y el falso» Lacan afirma que «el psicoanálisis verdadero es el que tiene su fundamento en la relación del hombre con la palabra» (pág. 181). Y en ese mismo texto manifiesta el postulado teórico principal del «Informe de Roma», que no es otro que el de reducir al campo de la palabra y del lenguaje un movimiento del ser que lo sostiene y que lo sobrepasa por todas partes (pág. 186).

 

[2]Ranura.1. Endidura pequeña abierta en un cuerpo sólido/// 2. Canal estrecho que se abra para hacer un ensamble, guiar una pieza movible (DRAE).

[3] La pulsación temporal del inconsciente.

[4] Historia como historización para el sujeto, sin que haya una base de hechos reales (Miller, 2013).

[5] La autora señala el problema de esta afirmación, pues como dice, en el seminario 11 se relaciona el inconsciente con la repetición más que con la pulsión. Mediante las operaciones de alienación y separación, en este seminario Lacan trata de dar una nueva articulación entre goce y significante.

[6] Mediante la alienación (simbólica) y la separación (como corte en el cuerpo, el cuerpo como goce).

[7]En el sentido de que es una noción de inconsciente como real que está elaborándose en el momento actual; Lacan en el Sinthome, en algunos pasajes, todavía mantiene la idea de inconsciente como efecto de A.

[8] S1 ->Sq de la transferencia.

[9] El primer intérprete del inconsciente no es, como podría pensarse, el analista, sino el inconsciente mismo. La respuesta más general a propósito de la actividad interpretativa del inconsciente es que este interpreta la realidad sexual; de lo que se trata es de interpretar el deseo de la madre gracias al Nombre-del-Padre (Miller 2007: 420). Las formaciones del inconsciente son ya interpretaciones del inconsciente.

[10] Lo verdadero para el sujeto construido con lo simbólico se superpone a lo real en la primera enseñanza; en esta formulación del inconsciente se invierte esto.

[11] (Miller, 2013: 42).

[12] Lo he nombrado así, pero podría corresponder con los dos tiempos lógicos que establece Miller entre el Uno + el sinthome (tiempo 1) y el Otro y el Inconsciente (tiempo 2), aunque más adelante dice que se trata de volver a atrás, antes del Otro, donde se deduce que el Uno es anterior.

[13] En «La proposición del 9 de octubre». S1 es el significante dela transferencia en su lazo con S2, significante cualquiera que representa el analista.

[14] Si en la primera enseñanza está la verdad, en la segunda el efecto de verdad (lo que supone cierta depreciación de la verdad) el tercer paso es la varidad, esto es, la verdad cambiante, y por tanto, semblante respecto a lo real. Si no hay verdad que sacar a la luz, ¿qué importa intervenir con un significante o con otro, pues la elaboración está por venir?

[15]«Este momento que Lacan llamó pase es la salida del inconsciente transferencial. es un momento en que se transforma radicalmente la relación con el psicoanalista, con el compañero psicoanalista» (Miller, 2012: 97).

[16] En relación al síntoma: no susceptible de interpretación, sino como goce puro (Miller, 2013: 32).