Significantes familiares(1)

He rescatado algunas pinceladas de las tres lecturas que he realizado: los dos textos del pase (uno de Marina Gómez2 y el otro de Carolina Koretzky3) y el caso de Guy Briole4.

En todos ellos me atravesó una cuestión fundamental, así también como los textos presentados tanto Cecilia Fuentes5 y Silvia Llopis6, que es lo familiar. Para esta cuestión, aunque parezca sencilla, me ayudó volver a los primeros años de enseñanza elemental para relacionar y distinguir aquellas palabras que son de una misma familia: es decir, las familias de palabras. En nuestro caso, si me permitís, podríamos llamarlo los significantes familiares.

Hay una raíz, fonética, que nos acompaña en el recorrido de un análisis. Esas raíces, tanto de la herencia familiar como de los significantes, marcan nuestro cuerpo y generan un conjunto de palabras que utilizamos de forma habitual, pero en las cuales no nos paramos a pensar: son tan familiares que se vuelven extrañas cuando uno por fin se percata de ellas.

Así, cuando uno lee estos textos se puede dar cuenta que tanto, los analistas que relatan su pase como los analizantes en nuestras consultas, están orbitando alrededor de una familia de palabras que son a la vez propias como no-propias. ¿En qué sentido? Por un lado, está la cuestión de que esos significantes son de la familia y tocan el cuerpo de forma singular al sujeto y, por el otro, nos encontramos que son significantes opacos (traen consigo un enigma y pueden tornarse ominosos).

En el texto de Marina Gómez, el cual me ha sorprendido la claridad con la que escribe su testimonio, vemos un conjunto de sucesos que giran alrededor de la mirada. Esta mirada está adherida al significante “a las disparadas”, expresión que implica hacer las cosas con premura. Pero en la medida que la autora avanza en su relato nos damos cuenta de que este “a las disparadas”7 toma otro cuerpo. El padre es cazador y trae sus trofeos disecados para colgarlos en la pared de la casa. Son cabezas de ciervo o cierva. Está la cuestión de la visualización de la película Bambi, de preguntar al padre por la caza y responder: «A las madres no las mato»8. También el crucifijo de la comunión realizado a partir de los cueros de los ciervos. El equívoco con la palabra cierva y sierva, al ser argentina9. La mira del rifle10. Ser cazada o ser cazadora.

Los sueños también orbitan alrededor de estas cuestiones asociadas con la feminidad y la masculinidad, sobre el padre y el saber11. Hasta llegar a “bajar la cabeza” o “levantar la cabeza”; la mortificación o lo vivo12. Haciendo referencia a esas cabezas disecadas de las paredes.

En Carolina está la cuestión del cuerpo13. El movimiento excesivo; el baile14. La fobia que ella localiza con la imagen de E.T. y su famosa frase sobre el regreso a casa y ese estirar la mano para señalar15. Fobia que aparece en el momento justo cuando ella está en una incertidumbre perpetua de un posible desahucio de su casa16. El eccema de sus manos que desaparece cuando resignifica su lugar respecto a la madre y se percata que fue cómplice de degradación de la figura del padre17.

Finalmente, en el caso de Briole encontramos significantes nodales respecto a la posición subjetiva del analizante y su gemelo. A raíz de una ruptura con su mujer, la cual elige a “otro por ser diferente”18, el analizante tiene un lapsus muy interesante “Me gustaría ser un-diferente”19 que resuena con uno-diferente o indiferente20. Briole marca el equívoco dando lugar a otras palabras familiares adyacentes: soy igual, ser uno-de-más, pantalla, espejo, reflejo, etc21. Todos ellos conectados directamente con su imposibilidad de construir una imagen propia y sólo pudiéndose sostener con la imagen del gemelo y, posteriormente, con la del otro (en minúsculas, o la “tercera” persona)22.

Estos significantes familiares articulan y estructuran la realidad del sujeto. Ahora bien, en todos los ejemplos que os he comentado hay una cuestión que atraviesa y es la inquietante extrañeza y lo ominoso, aquello extrañamente familiar. Y es aquí, para terminar, donde rescato el planteamiento del artículo de Bassols sobre el exilio23.

Y es que, aquél que vuelva del lugar de donde tuvo que partir, podrá descubrir con esa inquietante extrañeza, que siempre fue extranjero con aquellas palabras familiares de ese lugar perdido que es su inconsciente24.

Iván Navarro


  1. Texto elaborado para la presentación de la Revista El Psicoanálisis Nº46, La inquietante extrañeza, en la Sede de la Comunitat Valenciana bajo el auspicio de la BOLV el 28 de enero de 2026.
  2. Gómez, M. «En Ła mirada del deseo», La inquietante extrañeza, El PsicoanálisisNº 46, Barcelona, 2025, p.179.
  3. Koretzky, C. «Desnudar la huella», La inquietante extrañeza, El PsicoanálisisNº 46, Barcelona, 2025, p. 189.
  4. Briole, G. «Uno de más», La inquietante extrañeza, El PsicoanálisisNº 46, Barcelona, 2025, p. 201.
  5. Fuentes, C. Imaginar lo real.
  6. Llopis, S. Bailar un cuerpo extraño.
  7. Gómez, M. «En Ła mirada del deseo», La inquietante extrañeza, El PsicoanálisisNº 46, Barcelona, 2025, p.179.
  8. Ibid., p. 181.
  9. Ibid., p. 183.
  10. Ibid., p. 182.
  11. Ibid., p. 186.
  12. Ibid., p. 186.
  13. Koretzky, C. «Desnudar la huella», La inquietante extrañeza, El PsicoanálisisNº 46, Barcelona, 2025, p. 191.
  14. Ibid., p. 192.
  15. Ibid., p. 192.
  16. Ibid., p. 193.
  17. Ibid., p. 193-194.
  18. Briole, G. «Uno de más», La inquietante extrañeza, El PsicoanálisisNº 46, Barcelona, 2025, p. 201.
  19. Hago una pequeña modificación a la traducción que aparece en la revista. En lugar de «uno-diferente» propongo «un-diferente» ya que la homofonía del significante conduce al equívoco y bifurcación planteada por Briole respetando con el «un» de la contabilidad como «uno» de una serie y la resonancia de «un» con «in» de indiferente.
  20. Ibid., p. 202.
  21. Ibid., p. 202-203.
  22. Ibid., p. 204-205.
  23. Bassols, M. «Exilio y extrañeza», La inquietante extrañeza, El PsicoanálisisNº 46, Barcelona, 2025, p. 76.
  24. Ibid., p. 82.
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