Nevermore y lalengua
Al leer el texto de Jakobson sobre el sonido y el sentido se encuentran resonancias a cómo los analistas tratamos el lenguaje, sobre todo en lo relativo a la interpretación y al acto.
Jakobson rescata la invención de Edgar A. Poe de su poema Nevermore para enmarcar su estudio.
Expone que Poe escribió este poema a raíz de una «propiedad onomatopéyica virtualmente encerrada en los sonidos de la palabra nevermore la que le sugirió la asociación con el graznido del cuervo»1.
Esta propiedad onomatopéyica da como resultado el cuerpo del significante nevermore,. Esta cuestión que tiene ciertas resonancias con lo que llamamos lalengua, a saber, un tamiz de ruidos que están más allá de la gramática, de lo simbólico.
Pues bien, este tamiz permite a Poe, mediante su elaboración subjetiva, transformar el graznido en un significante: pasa de lo inaudible a la escritura.
Jakobson arguye que Poe es capaz formalizar este nevermore debido a que hay «un pequeño número de vibraciones necesarias para percibir la palabra»2. Es decir, «un retículo mínimo fónico para verter y transmitir un rico contenido conceptual, emotivo y estético»3.
Pero para captar ese mínimo fónico, donde imbuir lo subjetivo, ha de haber un sujeto. El sonido sin el sujeto queda en simple ruido. El sujeto Poe transforma un graznido en un sentido. Dicho en palabras de Jakobson: «es al fenómeno acústico a donde apunta el sujeto parlante. Es sólo el fenómeno acústico el que es directamente accesible al oyente»4. Lo acústico toca el cuerpo de Poe y se vuelve oyente.
Esta accesibilidad como oyente, como destacan los analistas, depende de algunas condiciones previas para que el sujeto esté preparado. Porque, aunque Jakobson confíe en que «cuando yo hablo, es para que se me oiga», el analista suspende ese «se me oiga»5 sabiendo que no hay seguridad de que eso sea así; más bien, cuando uno habla no sabe lo que el otro ha podido escuchar. Como dice Lacan: «Evidentemente oyen, oyen, pero desafortunadamente comprenden, y lo que comprenden es un poco precipitado»6.
Del sonido al esbozo de sentido
A partir de estos primeros planteamientos, Jakobson realiza un análisis de la función del sonido y su vinculación con el sentido. Para ello extrae la partícula lingüística mínima que queda fuera del sentido, pero que puede producirlo. Una partícula sonora fundamental.
Apoyándose en Saussure, Jakobson aborda las unidades fonéticas (como un elemento extralingüístico)7 que marcan la distinción entre los diferentes sonidos que son capaces de formar el cuerpo del significante, a saber, la palabra sonora. Y son estas unidades las que delimitan el inicio y el final de las palabras.
Un ejemplo, que nos ayuda para seguir, lo encontramos en los acentos de las diferentes lenguas, con los cuales se introducen variaciones tonales que cambian la significación de las palabras. Estos «sonidos dotados de un valor distintivo, los sonidos susceptibles de diferenciar las palabras, han recibido el nombre especial de la ciencia del lenguaje [como] fonemas»8.
Así pues, tenemos por un lado que el sonido, como material significante, está compuesto de fonemas (unidad mínima) y, por otro lado, estos fonemas son los que marcan, recortan y acotan, el cuerpo del significante. Son los que dotan de una sonoridad cargada de emotividad y conceptos. Esto es, el primer esbozo del sentido.
Sin embargo, es necesario que introduzcamos otra consideración. Que el sonido no está solo. El ser compone imágenes acústicas, según Jakobson, que son «las palabras de nuestra habla interna [y que] no se componen de sonidos emitidos, sino de sus imágenes acústicas y motrices»9.
Así pues, nos encontramos ante algo fundamental: las imágenes acústicas, la articulación entre los fonemas, es lo importante para Jakobson. No tanto el significante por su concepto, sino por las distinciones fónicas que tienen lugar en la articulación para diferenciar a un significante de otro.
¿Pero qué es aquello que da cuenta de la diferenciación? Si nos ceñimos solo en una cuestión puramente lingüística, estaríamos hablando de cuestiones metalingüísticas, pero como sabemos «no hay Otro del Otro»10.
Esta cuestión, actualizada, la encontramos en Lacan en «un significante representa al sujeto para otro significante»11. ¿No introduce aquí al sujeto como acontecimiento de separación entre un significante y otro?
Ahora bien, ¿qué implicaciones tienen estas cuestiones para la clínica?
Acto e interpretación: del fonema como repetición mínima
Llegados a este punto cabe rescatar estos elementos de la clínica. Para ello retomo una expresión interesante de Jakobson: «significación cero»12. La cual es una palabra sin sentido en una oración, pero que, por sus fonemas, su ritmo y su tonalidad, como Poe con su nevermore, se le asigna un «lugar virtual» para reconocer que es un elemento que por sí solo tiene un valor, pero desconocido para el ser: o el sujeto.
Podemos destacar esta significación cero en la clínica del autismo, cuando un analista acompaña un sonido repetitivo, un fonema como expresión mínima de repetición, del autista para darle otra tonalidad, una separación, otro ritmo y poder precipitar el enganche con un significante.
Elizabeth Escayola, en su Palabra quieta13, lo muestra con el caso Octavi. Donde en un primer momento el fonema era simplemente una «aaaaaaa» extendida y sin corte, y posteriormente se articuló como dos fonemas «a-a». Y de este primer corte, o disyunción, pudo introducirse significantes como agua y, finalmente, con otro sonido-vocal distinto «a-e» condujo a la palabra «anell».
También en numerosos testimonios de AE se constata que el cambio de entonación, el cambio de ritmo de una oración dicha y devuelta por el analista o incluso un ruido (que en realidad era una entonación) ha tenido efectos en el decir del analizante. Y esto mismo es lo que destaca Jakobson, donde «la entonación puede incluso arreglárselas sin palabras y realizase mediante un murmullo inarticulado»14. ¿No es esto mismo el ejemplo inicial que destaca el mismo Jakobson sobre Poe?
Por ello, sería interesante pensar la clínica del autismo desde el abordaje del fonema, la significación cero. Sobre todo, con aquellos sujetos que no pueden articular el ruido proveniente del graznido de la lengua. Porque «el fonema, [según Jakobson], aun siendo un elemento al servicio de la significación, está en el sí mismo desprovisto de la significación propia»15.
Esta es la cuestión, el acto y la interpretación han de ir en la dirección de velar por la ausencia de la significación, para que el vínculo entre sonido y sentido provenga del sujeto por venir, una invención poética que pase del graznido al significante o viceversa.
Iván Navarro Lluesma
- Jakobson, R. Obras Selectas I. «Seis lecciones sobre el sonido y el sentido», Editorial Gredos, Madrid, 1988, p. 392.
- Ibid., p. 392.
- Ibid., p. 392.
- Ibid., p. 393.
- Ibid., p. 393.
- Lacan, J. El Seminario, libro 20, Aún, Buenos Aires, Paidós, 2010, p.85.
- Jakobson, R., p. 396.
- Ibid., p. 404.
- Ibid., p. 408.
- Lacan, J., Escritos 2, «La subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano», Siglo XXI, Buenos Aires, 2013, p. 773.
- Lacan, J. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 2010, p. 206.
- Jakobson, R., p. 417.
- Escayola, E. Palabra quieta, NED Ediciones, Barcelona, 2024, p.48.
- Jakobson, R., p. 418.
- Ibid., p. 442