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texto elaborado para el espacio de Textos Fundamentales en el que trabajamos ‘La instancia de la letra’.

 

El inconsciente como letra legible

 El texto que nos convoca, La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud, de 1957, es contemporáneo al Seminario IV,  La relación de objeto. Podemos decir que es el momento de la primacía de lo Simbólico, donde el inconsciente está estructurado como un lenguaje. El Otro, es ese lugar de lenguaje y palabra, “lugar de la estructura y de todas las determinaciones del sujeto”(1). Lacan diferencia aquí, el significante y significado privilegiando la estructura de la comunicación, “Es toda la estructura del lenguaje lo que la experiencia psicoanalítica descubre en el inconsciente” (2), “la estructura del significante es que sea articulado” (3). Al decir que, a la letra hay que tomarla sencillamente a la letra, Lacan la ubica dentro de una estructura significante desde donde el sentido insistirá (4).  En esta línea, siempre se podrá significar otra cosa, ubicando allí la verdad del deseo. El inconsciente es en este momento, la letra con sus efectos de verdad. Este  texto muestra el estatuto de la letra en el inconsciente, es decir, que letra y significante no están aún separados. Podríamos decir que la barra que separa significante y significado es lo esencial de dicho texto, demostrando que es a partir de ella que se produce la operación analítica, ubicando allí la interpretación como desciframiento.

 Cuando Lacan en este texto indica que al sueño hay que entenderlo al pie de la letra, está poniendo el acento en su articulación significante, “las imágenes del sueño no han de retenerse si no es por su valor significante” dirá (5). Lo que importa a Lacan será la significación que dará el sujeto a la imagen del sueño. Es en este sentido, que el inconsciente será una escritura a leer, siendo el recorrido analítico, lo que permitirá leerla cada vez mejor y el síntoma en este momento de la teoría, será un sentido a liberar. Escritura y lectura van juntos. Los escritos son para leer.

 Es importante destacar que en este texto, Lacan se esfuerza por transmitir una orientación para los herederos del psicoanálisis ubicando el síntoma como metáfora y el deseo como metonimia (6). Lo hace diferenciando la orientación freudiana de lo que allí nombra como falso freudismo, o cuando se refiere a los malos psicoanalistas que coronan el yo autónomo sostenidos en una intelectualización (7)

 Si en el primer Lacan un significante representa al sujeto para otro significante, Miller, en el segundo paradigma del goce, ubica que el un significante representa el goce para otro significante (8) siendo el goce aquello que emerge en la ruptura, fallo, discontinuidad de la cadena simbólica.

 

Sobre lo que se escribe y lo imposible de escribir.

Algunos años después, en el Seminario XVIII,  De un discurso que no fuera del semblante, Lacan intenta arrancar el inconsciente del campo del significante para llevarlo al campo de la escritura. Lo imposible, funda lo real y el semblante viene al lugar del agujero, de lo imposible. En este sentido, el discurso sólo se puede presentar como semblante.

 El lenguaje no existe, en tanto es considerado como puro semblante y posteriormente con el Seminario XX, Aún,  éste será tributario de lalengua. Esto significa que para Lacan primero es la palabra, siendo lo escrito lo que viene a un segundo lugar e invita a hablarlo, es decir, se palabrea. El síntoma es aquí escritura, mensaje escrito en el cuerpo. La escritura es encarnación material de la palabra.

 La escritura es un efecto de discurso porque la relación sexual es imposible de escribir. Si bien no hay escritura de la relación sexual, sí hay escritura del deseo, que en la mujer se escribirá como

 Ⱥ (φ ) y en el hombre  Φ (a) . Hay escritura con la función fálica, mientras que lo real, es lo imposible de escribir. En este sentido, el sinthome, es un escrito que se aproxima a lo real.

 

El inconsciente como huella de lalengua.

 A partir del cambio radical iniciado en el Seminario XX, el inconsciente pasará a ser huella de la relación originaria con lalengua. El cuerpo viviente, es condición de goce, de allí que la letra ya no será el soporte material que el discurso toma del lenguaje, en tanto lo real no es para ser leído.

En este Seminario, Lacan pone en equivalencia los tres registros: simbólico, imaginario y real.

 Con la introducción del neologismo lalengua, ubicará que la experiencia misma del inconsciente está hecha de lalengua, escribiéndola en una sola palabra, para designar que ella es asunto de cada quien y que no en balde es llamada lengua materna (9). Con lalengua, se goza y  eso no comunica nada a nadie. Lalengua está separada del lenguaje, de su norma, de la gramática, de allí que se abra al equívoco. La ley del lenguaje con su metáfora y metonimia, advendrá posteriormente. Es en el momento del Seminario XX cuando planteará la disyunción entre significante y significado, entre la posición femenina y masculina, entre el goce falico y el goce del Otro, entre el goce y el Otro y por ende, entre la letra y el significante. Con este cambio de perspectiva, el significante, estará al servicio del goce y el lenguaje estará hecho a partir de lalengua.

 En el Ultimísmo Lacan, J.A. Miller da un paso más, colocando a lalengua en relación a Un-cuerpo. “La lengua no es el lenguaje. El lenguaje solo es un ordenamiento, la puesta en saber de lalengua (…) Apunta a la palabra, tomada materialmente, es decir, fonéticamente. Al decirlo así, nos damos cuenta de que lalengua forma  un par, un par de opuestos binarios, con la escritura-término con el que Lacan no creó ningún neologismo, pero que usa de forma original en su ultimísima enseñanza-. Lalengua es lo opuesto de la escritura” (10)

 La letra pasará a ser un signo separado de la materialidad del lenguaje, pero considerado en su materialidad de objeto separado de la cadena significante, entendiendo la materialidad como lo real, materia significante sin sentido.

 

Lo femenino de la letra

El S1, asilado en un análisis, será letra, separado de la significación del S2. Será un S1 que no llama al efecto de sentido. El significante entonces, ya no estará reducido a su articulación con S2, “hay un estatuto del Uno sólo y el significante no se limita a su función de representación del sujeto” (11).

 Tras el cambio de perspectiva iniciado en el Seminario XX con la ausencia de relación sexual (‘no hay relación sexual’), Lacan hará un retorno a la Cosa, al objeto a, ubicando el goce como aquello que habita el cuerpo vivo (‘hay goce’). “Sólo hay psicoanálisis de un cuerpo vivo, y que, sin duda, habla” (12). Privilegia el goce en su disyunción con el Otro y lo ubica como goce Uno, es decir, sin Otro donde lo que está en cuestión es el cuerpo. Dice Miller que ese goce Uno, autista, es lo que bajo diversas maneras toma la forma del individualismo contemporáneo con sus dificultades y particularidades de lazo social. “Es el cuerpo propio el que goza por el medio que sea” (13). De allí que en tanto el goce no comunica, el goce Uno no dará garantías acerca del goce del Otro, del que nada se sabe.

 La letra, separada del sentido, hará límite a la interpretación. Será lo que indicará el más allá del Edipo, bajo la lógica del no-todo, lo femenino. En el Seminario XVIII, Lacan hace equivaler La/ mujer a la letra, “La mujer, insisto, no existe, es justamente la letra –  la letra en la medida en que es el significante de que no hay Otro, S(Ⱥ)” (14). La letra entonces, no se lee pero puede transmitirse, deducirse, por el borde, litoral, huella de la singularidad del encuentro del sujeto con lo real.

 La letra, será aquello que constituye el litoral entre dos dimensiones distintas: la dimensión del goce y la del saber. Ella será borde del agujero en el saber, es decir, borde de la no relación sexual. El borde, es el lugar de la letra. Ella, como en el cuento de E. A. Poe La carta robada, después de todo su trayecto simbólico, tras cumplir con su función de mensaje, al final del recorrido se convertirá en un trozo, litter, desecho, resto de la operación del significante. Finalmente, letra y mensaje se separan.

 Tras la precipitación que adviene con la ruptura de las nubes de semblante que un análisis produce,  lloverá significante y goce. El significante erosionará y el goce se acumulará. El escrito, es lo que se sedimenta a partir del lenguaje. “L’acosa  (…) está ausente ahí donde ocupa su lugar. O más exactamente que, una vez retirado, el objeto a que ocupa este lugar sólo deja, en ese lugar, el acto sexual tal como yo lo acentúo, es decir, la castración” (15), entendiendo la castración como real.

 Ya no estamos a nivel de la falta, de la falta en el Otro, sino del agujero, de la inexistencia del Otro. Hay agujero a nivel de l’acosa, ésta no se muestra, se demuestra. La escritura hace huella. La huella no es aquí un signo, una marca, no se confunde con el significante sino que es fundamentalmente un lugar.  Hay huella cuando el goce del objeto a, ya fue presse, exprimido y soltado, posibilitando la escritura de un sinthome, que  al saber-hacer con la ausencia, la señala, y en el mejor de los casos, la demostrará en el pase.

 

 

Patricia Tassara

Valencia, 9 de Mayo 2015

 

 

Notas.

  1. Miller J.A., Los seis paradigmas del goce. Revista Freudiana Nº 29. Año 2009. p. 16
  2. Lacan J.,  La instancia de la letra o la razón desde Freud. Escritos I. Siglo XXI. Madrid. Año 1990. p. 474
  3. Ibídem, p. 481.
  4. Ibídem, p. 482.
  5. Ibídem, p. 490.
  6. Ibídem, p. 508.
  7. Ibídem, p. 503.
  8. Miller J.A.,  Los seis paradigmas del goce. Revista Freudiana Nº29, Año 2000, p. 32.
  9. Lacan J., Aún, Seminario Libro XX. Editorial Paidós, Buenos Aires, Año 1995, p. 166.
  10. Miller J.A., El ultimísimo Lacan. Editorial Paidós. Buenos Aires. Año 2013, p. 121
  11. Miller J.A., Los signos del goce. Editorial Paidós, Buenos Aires, Año 1998, p. 343.
  12. Miller J.A., Los seis paradigmas del goce. Revista Freudiana Nº29, Año 2000, p. 45.
  13. Ibídem, p 47
  14. Lacan J., De un discurso que no fuera de semblante, Seminario Libro XVIII,  Editorial Paidós, Año 2009, p. 101.
  15. Ibídem. p. 71