Extracto de los Cap. XI y XII de “Sutilezas analíticas” J.A. Miller(1)

Introducción: 

Lo que Lacan pretende a lo largo de sus seminarios es cómo dar cuenta en términos de palabra y de lenguaje de aquello que tiene que ver con el goce.

Utilizará lo que llama “la lógica del fantasma” para cruzar lenguaje y goce.

La unión del significante y el goce en el fantasma, implica:

1º. Que es una frase “pegan a un niño”, luego atañe a lo simbólico.

2º. Que hay una escena, solo se habla de fantasma cuando hay una representación, y por lo tanto concierne a lo imaginario.

3º. Al mismo tiempo es una condición de goce, lo que implica al registro de lo real.

Luego, el fantasma ya nombra un nudo entre significante y goce.

Opacidad del goce

El goce se nos presenta rodeado de silencio, con una gran dificultad por nombrarlo. Pero aparece, aparece en las frases, en las historias, en las representaciones imaginarias, que son el soporte del goce. 

El psicoanálisis elige la asociación libre como modelo de acceso al inconsciente. La palabra en análisis debe obligarse a ser irreflexiva, pues esta palabra irreflexiva es lo que denominamos inconsciente. 

El analista debe hacer reflexionar sobre esa palabra irreflexiva, prestar atención a lo que se le ocurre a causa de la asociación libre, ya que en psicoanálisis lo que se dice “es otra cosa”. Para el psicoanálisis la palabra siempre es singular. 

Podríamos decir que Miller utiliza el término “sutilezas” para nombrar precisamente, lo singular de cada sujeto.

El “quiere decir otra cosa” es vérselas con una opacidad. 

Esa opacidad está siempre en la palabra del analizante, es más, si no aparece esta opacidad, no se está en análisis, asegura Miller. 

Es bajo la rúbrica del “yo no sé” que el inconsciente emerge a la conciencia. 

¿Cómo captar esa opacidad? La opacidad se presenta de diferentes modos: puede ser una neblina sobre la que avanzar a tientas, contradicciones, titubeos, inflexiones de la voz, etc.

El “yo no sé” ya es una interpretación de que hay algo que no se sabe. El acto analítico es remitir ese “no sé” al inconsciente, al saber inconsciente y a partir de ahí se podrá empezar un análisis. 

¿Cómo hacer eso? Mediante actitudes proposicionales del analista respecto a lo que articula el analizante, para poner al analizante en una posición en la que se le pueda decir “tú eres yo no sé”, apuntando así a la división subjetiva.

Ser analista es quizás, primero, saber adoptar la actitud analítica, que es la condición del acto analítico, para que la experiencia pueda decirse psicoanalítica. No hay más que la actitud de hablar e interpretar apuntando al “yo no sé” del sujeto. 

Mutaciones de goce

Partimos de que el modo de gozar es el nombre del fantasma una vez ha podido ser despejado del escenario y de la escena.

Lacan extiende al síntoma el privilegio del fantasma de ser la conexión entre significante y goce. 

Equiparar el síntoma al fantasma, implica, añadir al síntoma, como formación del inconsciente, y por lo tanto interpretable, la dimensión de goce.

Lacan añade la dimensión de goce al síntoma y lo llama sinthome.

Define el sinthome como el conjunto de las formaciones del inconsciente y su goce, su fondo libidinal.

 ”Más allá del desciframiento significante, el sinthome aparece como una positividad, el goce tiene una positividad inmanente”.

Las mutaciones de goce ocurren en la positividad del sinthome, en el plus de…”  

Lo real que escapa a la verdad

¿Qué relación hay entre la verdad y el goce? Miller responde de manera clara: No hay verdad del goce. Hablar del “fuera de sentido del goce” implica que no hay verdad del goce, que el goce está fuera de la verdad.

La verdad miente sobre el goce, es una verdad mentirosa. Lo real solo puede mentir, salvo cuando se presenta en forma de angustia, pues esta no engaña. En la angustia se trata de un real que no se demuestra pero que no engaña. Es un real fuera del semblante, articulado al cuerpo.

Hablamos de cuerpo hablante porque en psicoanálisis no hacemos hablar a un sujeto, no es un puro sujeto de la palabra, sino que hacemos hablar a un cuerpo hablante, que es un misterio. Se trata de que hay, junto al goce fálico, que pasa por la palabra, un goce otro u otro goce que pasa por el cuerpo. 

La escucha no es la misma si se hace como sujeto de la palabra o como cuerpo hablante.

Se trata en psicoanálisis de hacer verdad lo que fue, nos dice Miller. 

Si se trata de “lo que fue” la verdad designa un des-esconder, un des-olvidar, una revelación (Insight). Singular, eso sí, no universal como en la religión. Según Miller no se está en análisis mientras no se haya tenido, al menos, una revelación.

Pero hay un obstáculo: no todo se deja reabsorber en lo simbólico.

La revelación no resuelve todo lo que anuda y problematiza. No todo es verdad. No todo es sentido. El problema es la verdad sobre lo real. 

Si reducimos a su raíz lo que está en juego, si sustraemos lo que es en el fantasma del registro del semblante, es decir el escenario y la escena, queda un modo de gozar. La noción de real es como un residuo de las operaciones del semblante.

Se trata de una nueva función del fantasma: es un amboceptor entre verdad y goce, entre lenguaje y goce, algo que apresa de ambos lados, y además descriptivamente dice algo.  

Lacan hace del objeto a un amboceptor que liga, mediatiza y funciona como término medio entre verdad y goce, entre el orden simbólico y lo real. Este es el punto vivo del fantasma. 

Esta nueva función del fantasma supone un cambio muy importante en el punto de partida en la experiencia analítica, pues ya no se trata del goce como punto de llegada sino como punto de partida. A partir del goce de la palabra encontrarnos los restos, los residuos de la experiencia de la palabra. Hay un goce al decir algunas palabras. Hay condensación. Las palabras tienen una carga que llamamos afectiva, que es libidinal, una carga de goce. 

Esto es la consecuencia de concebir al paciente como un parlêtre y no como un mero sujeto de la palabra. El sujeto de la palabra se piensa respecto del significante, mientras que el parlêtre, un sujeto que habla y es hablado, está en relación con un cuerpo. 

A modo de conclusión, tres cuestiones: 

  1. Conceptualizar al paciente como un parlêtre y no como un mero sujeto de la palabra, es partir del goce en lugar de arribar a él.  Es comenzar el análisis por el fantasma y no por el síntoma. Comenzar por el goce fantasmático que invade, es invertir la experiencia y comenzar por donde se termina, por lo real.
  2. Una reconfiguración posible. No se trata de que el goce cobre un sentido, sino de una reconfiguración que permita pasar de la incomodidad a la satisfacción del parlêtre. Llegar a un “funcionamiento” del goce que englobe los tres registros. Esta articulación Lacan la llamó “Sinthome”.
  3. Una dosis de humildad. Se hacen arreglos. Como no hay verdad del goce, es en vano que se busque el objeto a como la verdad del goce. Se trata de lo que podemos llamar “arreglos”. “Conseguir un andar bastante mejor, ya es suficiente”. 

Mari Cruz Alba


  1. Miller, Jacques-A., Sutilezas analíticas, Buenos Aires, Paidós 2011.
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