Giro epocal: ¿consecuencias en nuestra clínica?

“No es bueno que el psicoanalista esté solo” es el marco epistémico que encuadra este espacio, un enunciado que, si no subvierte, matiza el dicho lacaniano de que, efectivamente, el analista está solo en su acto. ¿Quién o qué acompaña al analista? Hemos ido viendo en nuestros encuentros articulaciones de esta soledad en torno al control, en torno a la garantía de la Escuela. La soledad del psicoanalista se articula al Otro de la Escuela con una orientación y una causa común que pone en serie múltiples soledades en torno a una pregunta fundamental y fundacional, ¿qué es un analista? Está, por tanto, la Escuela, otro agujero; y está también la reflexión sobre lo epistémico formalizado en los textos, que es lo que nos convoca aquí.

Tenemos también la presentación de casos que acompaña al analista en una puesta a cielo abierto de su práctica, y esta es una vía que también podría transitarse y que podemos retomar en el debate.

La indicación de los organizadores, a quienes agradezco esta invitación a elucubrar, es muy clara: a la soledad del analista se le añade ‘sutilezas de la clínica actual’, y una única referencia bibliográfica: el capítulo número 8 del curso de Miller Los cuatro de Lacan, tomo 2, titulado “Yo no pienso – yo no soy”. Debo confesaros que la primera vez que leí el capítulo quedé turbada por la dificultad que entraña, y sigo pensándolo después de muchas lecturas y de haberlo trabajado. De manera que tomad la vertiente que he tomado, como por otro lado solemos hacer, como una apertura a la conversación, a esa cavilación colectiva de la que hablaba antes. 

En este curso Miller trata de deducir y aclarar por qué todos los matemas de Lacan corresponden a estructuras cuatripartitas –de ahí el título–, estructuras que ponen en juego cuatro términos, cuatro lugares, y por qué estas construcciones de ordenamientos subjetivos se tienen que hacer de a cuatro.1

Poniendo el foco ya en el capítulo 8, a partir del “Yo no soy” y el “Yo no pienso” del título del capítulo, Miller establece una estructura cuatripartita, remitiéndonos a la teoría de la alienación y la separación2, planteamiento para el que Lacan se sirvió de la teoría de los conjuntos –en concreto con el grupo de Klein–, una teoría que antecede a la conceptualización de la lógica del fantasma, que trata en el capítulo previo a este. 

El capítulo se presta a múltiples perspectivas clínicas, por ejemplo aborda la transferencia, se habla de la asociación libre –considerada por Miller un concepto (p. 147)–, se menciona la clínica de la histeria y de la obsesión en relación a la represión, se manejan los conceptos de deseo del analista, sujeto supuesto saber y pasaje al acto, pero, en mi opinión, todo gira alrededor de lo que denomina una nueva alienación, cuestión esta que desarrolla más ampliamente en el capítulo siguiente. Entonces, entre la lógica del fantasma del capítulo anterior y la denominada nueva alienación, este capítulo escrito en 1984-1985, no lo olvidemos, toma como eje ese momento crucial para el sujeto que Lacan ejemplifica con la exclamación: “¡La bolsa o la vida!”3, que implica una elección forzada que solo podrá ser revelada gracias a la asociación libre (p. 147), que cobra toda su importancia por medio del amor de transferencia y el deseo del analista4. La alienación es una de las operaciones lógicas, junto con la separación, que da cuenta de la relación del sujeto ($) y el Otro (A); de los efectos del lenguaje sobre el sujeto debido a su nacimiento en un mundo de lenguaje constituido por su estructura, otros sujetos hablantes y cadenas significantes. 

Por lo tanto, además de una operación que constituye al sujeto y que inaugura el discurso del amo, tangencialmente incluye el factor de las condiciones sociales, es decir, el horizonte de la época, una época en la que hay un viraje que va desde la prohibición al empuje al goce. En otras palabras, el desfallecimiento del Otro.

Miller, dilucidando a Lacan, nos habla de una nueva conceptualización de la alienación, una en la que ya no es tanto la alienación significante que posibilita las formaciones del inconsciente (lapsus, sueños y síntomas),  sino la alienación entendida como rechazo del inconsciente5, reunión del “yo no pienso” –que supone un ‘rechazo del inconsciente’ y una elección del ser bajo la forma del ser-yo– y “yo no soy”– ( $ > ‘soy ser para el goce’): “A este respecto, devolver al sujeto que se cree Yo (je) al inconsciente tiene el valor de revelar una verdad […], para ello es necesaria una operación de transferencia”, afirma Miller, (p. 167), una operación que trata de la alienación y efectúa el pasaje de la alienación a la verdad. ¿Pero que nos encontramos en la clínica actual? ¿Qué dificultades obstaculizan la intervención analítica?

El cambio de época, desde un punto de vista clínico, con la caída del Nombre del Padre, la deflación del deseo y la detención de la función fálica empuja a gozar más cerca del cuerpo; la crisis de las identificaciones incitan al parlêtre al goce, que se impone al deseo y al amor. La urgencia de satisfacción, el consumo de gadgets, las ambigüedades en la sexuación y una inclinación al goce autista, etc. son síntomas que dificultan el amor de transferencia. Como analistas nos encontramos con sujetos que han establecido un nuevo lazo con el objeto y donde cada vez se consiente menos a una posición de goce en el fantasma. Si la eficacia simbólica se vuelve precaria, los arreglos con el goce son imaginarios o reales, no simbólicos: ataques de angustia, cortes en el cuerpo, violencias varias…6 Como afirma Miller, la práctica lacaniana tiene que vérselas con las consecuencias de la ascensión del objeto a al cenit social, con repercusiones en la política, la religión y también en el psicoanálisis, tanto desde un punto de vista epistémico como clínico7

En consecuencia, me pregunto, os pregunto, ¿cómo hacer existir el inconsciente en la clínica actual, cómo restablecer el lazo particular que la pasión transferencial tiene con el saber? 8

Para tratar de iluminar esta cuestión he tomado algunas consideraciones extraídas de dos artículos publicados por Gerardo Battista, publicados en la revista Virtualia, en la que este miembro de la EOL aborda la encrucijada del actual malestar cultural, he de aclarar, desde una clínica del Φ0.

El psicoanalista como padre real y la ética del S1

Lacan puso de relieve que no hay discurso analítico si no se hace existir el inconsciente y en el Seminario 17 (p. 135) se pregunta “Por qué, en un psicoanálisis […] no sería el psicoanalista el padre real?” El padre real, añado,  hace el trabajo de la agencia amo; hace escupir un S1, por fuera del sentido, el cual hace del goce cuerpo (p. 133). La operación del analista como relevo del padre real pasaría por hacer surgir el S1, lo que el autor denomina una ética del S1, y se apoya para ello en las palabras de Miller en una de las conferencias en Comandatuba cuando afirma: “Entonces, un psicoanálisis demanda amar a su inconsciente, para hacer existir no la relación sexual, sino la relación simbólica”9. Por lo tanto, en algunos casos se trataría de perturbar la defensa en la medida en que esta se oriente por lo real de la opacidad del goce, con una lectura de la interpretación analítica basada en el equívoco, la homofonía, el witz, etc. En otros casos, como el que maneja Battista, no se trataría de perturbar la defensa sino de forzar la apuesta por un S1 que permita al sujeto armarse una defensa menos mortífera, es decir, que “algo resuene en el cuerpo a partir de lo simbólico, posibilitando que el parlêtre encuentre un significante propio que haga vivible su goce singular y le permita ordenar su existencia en una época marcada por la inconsistencia del Otro.

Llegados a este punto, ¿el rechazo del inconsciente del que habla Miller en este capítulo para esta nueva alienación es un avance de lo que en 1998 formulará en el tercer encuentro en Antibes?  ¿La flaqueza del Otro de nuestra época que dificulta la represión mediante la elección forzada que caracteriza la antigua alienación ha intensificado cuantitativamente el campo de la psicosis ordinaria en la clínica actual? ¿Qué cambios en la transferencia, en la interpretación o en la posición del analista, si es que los hay o los ha habido, se producen hoy?

Rosa Durà Celma


  1.  Toma el Fort-Da freudiano que da cuenta de la entrada del sujeto en lo simbólico; La carta robada, donde formaliza el primer grafo (alfa, beta, gamma, delta), asociado a la estructura del lenguaje; el grafo del deseo, los cuatro ordenamientos/lugares de los discursos, etc.
  2.  S1/$ y el S2 y el objeto a
  3.  Clase 16 del Seminario 11 El sujeto y el otro: la alienación.
  4.  Relacionado con la separación: El deseo del analista en tanto que opera en el lugar del Otro. El $ va a buscar en objeto en ese lugar.
  5.  La ineficacia paterna (el padre real) impide al sujeto identificaciones simbólicas fuertes, tomadas del Otro, y que la segunda pérdida, la del objeto, se fije a los bordes corporales. En el Seminario 17 Lacan dice: el padre real hace el trabajo de la agencia amo; hace escupir un S1, por fuera del sentido, el cual hace del goce cuerpo (p. 133).
  6.  Gerardo Battista, “La clínica actual de Das Unheimliche”, Virtualia 35 (marzo-2019).
  7.  Jacques-Alain Miller, Política, religión y el psicoanálisis, Ediciones DIVA, Buenos Aires, 2012.
  8.  La transferencia pasa por la inclusión del objeto a en el Otro. Representado ahí por el analista. El analista es soporte de lo más íntimo del sujeto. Sujeto supuesto saber pivote de la transferencia. Crisis del saber en los sujetos…
  9. “Una fantasía”. IV Congreso de la AMP – 2004 – Comandatuba – Bahia. Brasil
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