Actualmente, Ana Roussel tiene una exposición en la ciudad de Valencia1. Su disposición es parte del juego de la mirada: al entrar en la sala las imágenes están dispuestas en un pasillo y en cada una de las paredes, que contienen el paso del espectador, crean trazo. Este forma un camino donde los espacios, entre cada uno de los gestos recortados, pausan el acto de la mirada.
Aquí lostres tiempos lógicos2 se repiten en un ciclo donde el corte es fundamental. El instante de ver, donde uno queda suspendido, se enmarca en la composición de la imagen: el blanco y negro de las fotografías, donde el contraste de la tela del vestido como sombra y la claridad de las manos tocan el paso previo al momento de comprender. Aquel que ve, y que viste con su mirada el objeto-fotografía, siente el punctum3 (como dirá Roland Barthes en su libro La cámara lúcida). Una vez se encuentra con esta pequeña marca ya no puede escapar al gesto.
Este rapto se moviliza cuando la mirada tamiza el efecto en el cuerpo del observador. Marleau-Ponty4 ubica esta cuestión de un modo interesante: aquello del mundo que miramos está en nosotros, hacemos y nos hace el objeto porque está en el propio cuerpo, se encarna. Así pues, podíamos pensar, que en la medida que el observador recorre las primeras imágenes de la exposición, encuentra algo de sí, no para llenar ni para dar sentido, sino para hacer su propia mirada mirando5. Dicho en palabras de Marleau-Ponty: la mano que hace la mano con el movimiento6.
Una vez que se ha rebasado el umbral del instante de ver, acontece el momento de comprender. ¿Qué es este momento? Es la introducción del otro, el tiempo donde se hace una elaboración subjetiva. Pero esta elaboración continúa el movimiento de la mirada, reubica el eco en el cuerpo para dar palabras a algo que no lo tiene.
Hay un instante de duda7, de extrañeza, entre aquello que está ubicado fuera, pero que en realidad se encuentra dentro: es decir, ese espacio como litoral entre el yo y el no-yo.
El momento de comprender se va espaciando en la medida que las imágenes hacen una serie. Es gracias a la secuencian del recorrido, aparentemente lineal, donde cada cambio por la imagen da una temporalidad distinta. La serie tiene una apariencia de continuidad que encamina al observador a continuar su trayecto, pero en cada pausa se evidencia la discontinuidad.
En esa discontinuidad encontrará un diálogo entre las imágenes de cuerpos y gestos recortados e imágenes sobre la naturaleza. Estos gestos, tanto del cuerpo humano como del cuerpo de la naturaleza, tendrán su punto terminal en la medida en que el campo de la mirada posibilite la elaboración subjetiva.
Este diálogo es fundamental: el cuerpo flexionado, articulado, congelado y volteado imita el movimiento de la imagen de las plantas y las flores. Es aquí donde se encuentra que el cuerpo entra en resonancia con la naturaleza para dar lugar a una expresión concreta: el cuerpo salvaje choca con el acto.
Si se produce este choque deviene el momento de concluir, ahí donde el sujeto escapa de la duda eterna. Aparece una anticipación hacia una verdad8 relativa al observador. Aparece una precipitación, un acto del sujeto que en las imágenes de Ana Roussel es recortado como invitación a la apuesta.
Así pues, la elección de la frase «la imagen como acto» no es otra cosa que la evidencia de que en la imagen poética, por su estética, acontece una apuesta que nunca tiene garantías. La imagen abre, no concluye, no tiene significado por sí misma, sino, más bien es un movimiento que puede conducir a un sujeto-observador a construir otro sujeto-observado; como una Botella de Klein. El sujeto hace al propio sujeto en el acto.
Invito, por tanto, a tomarse el tiempo necesario para visitar la exposición, durante el mes de abril, y arriesgarse a suspender su acto entre la imagen y el cuerpo.
Iván Navarro Lluesma
- La exposición tiene lugar durante todo el mes de abril en el Sporting Club Russafa. Calle de Sevilla, 5, Valencia.
- Lacan, J., «El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada», Escritos 1, (1945), Madrid, Siglo XXI Editores, 2009, pp. 203-204.
- Roland, B., La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía, Barcelona, Paidós, 2011, pp. 60-65.
- Merleau-Ponty, M., El ojo y el espíritu. Madrid, Mínima Trotta, 2017, pp. 21-22
- Ibid., p. 25.
- Ibid., p. 24.
- Lacan, J., «El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada», Escritos 1, (1945), Madrid, Siglo XXI Editores, 2009, p. 204
- Ibid., p. 206.