El espacio central constituye el cuerpo troncal de las actividades de nuestra comunidad, es la estructura que une el deseo singular de poner a conversar aspectos fundamentales del psicoanálisis en un espacio común y, a la vez, el lugar que acoge los grandes temas que recorren nuestras jornadas de la ELP, PIPOL y los congresos de la AMP.
¿Por qué se hace indispensable retomar los fundamentos de nuestra práctica? Interrogarla a la luz de nuestra contemporaneidad e ir a los “divinos detalles” es la piedra angular de los que practicamos el psicoanálisis. Rescatar y analizar los momentos cruciales de la singularidad que se produce en cada encuentro entre analizante y analista, analista practicante, es el pilar de nuestra orientación.
Hoy en día, frente a las demandas de bienestar y las soluciones rápidas a las que diversas terapias intentan responder, se constata la importancia de una orientación analítica que sepa escuchar la singularidad de lo que su demanda quiere decir. Esto conlleva una apuesta decidida.
La práctica del control y del propio análisis comportan su punto central, recorrido necesario para la formación de analistas, por eso abrimos un espacio de conversación bajo el abordaje de cómo analizamos hoy, qué impasses encontramos, para poner de relieve los puntos centrales de nuestra práctica sostenida en la orientación lacaniana, para darle su justo lugar a una problemática que nos atañe como comunidad analítica.
La clínica invita a desentrañar los arreglos y desarreglos de un sujeto ante la inexistencia de la relación sexual (XV Congreso AMP 2026), a situar el entramado familiar con sus malentendidos, dichos que marcaron la manera de nombrarse de un sujeto, su determinación o, por qué no decir, su indeterminación en el mundo (PIPOL 12) o algún punto a trabajar en las próximas jornadas de la ELP, que conciernen a nuestras herramientas epistémicas. Son cuestiones con las que lidiamos diariamente en nuestras consultas.
Todo ello implica un recorrido transversal que podemos articular bajo una clínica de las sutilezas, ya que ellas mismas exigen tener una “buena vista”, una buena escucha para leer el inconsciente, que siempre es sutil en su manifestación, y por supuesto bajo la premisa del acto analítico, no sin la transferencia, que exige una clara posición para quien lo ejerce.
La fineza analítica reside allí y da todo su valor al acto, que cuando se produce, no es sin consecuencias.
Dejémonos sorprender por las perlas que introduce nuestra clínica, en una conversación mantenida que anude lazos y eleve nuestra transferencia de trabajo.
Junta Directiva CV ELP