“Quizás la singularidad, sea el quieto instante de ver
el trazo … que inaugura el tiempo”
(anónimo)
Como empezar a decir, me preguntaba siete días antes; antes de hoy.
Casi siempre, en mí, la curiosidad y el azar producen la contingencia: aquello que me produce un encuentro con alguien que ya escribió en una frase lo que quisiera decir sobre otro encuentro, en este caso con el poemario del que hoy disfrutamos.
Dos versos en este caso, de Ezra Pound:
“Que es un libro de poemas,
que es un poema.
Yo sé de algunos versos bellos.”
Iván parece escribir en los vacíos del cuerpo con los colores del silencio… las pausas sobre el papel crean el escenario donde se pasean las letras… el trueno que precede al rayo se convierte por el trazo en un decir y las gotas de lluvia en un poema.
No hay nadie en la voz
ahí
sigo vivo
Lacan, como no traerlo cuando se habla de poesía, dice: “Una verdadera obra de arte está hecha con el se goza del cuerpo”.
Francesc Palomares, pintor y escritor criado en Paris y amigo de la infancia dice: “Pintar y escribir son dos cosas diferentes ambos cuerpos, el del escritor y el del pintor están agujereados; pero de modo distinto… Un cuerpo existe pues por sus sensaciones…El artista relee corporalmente las cifras fundadoras”. Diría que un artista es un profundo bricolador del cuerpo propio.
La obra de Iván parece estar construida con sus limaduras, restos de un decir donde el cuerpo calla; donde fluye en silencio, donde la angustia de verse reducido a un cuerpo grita sin voz; reordenando sus cifras, sus letras, sobre la textura de Un cuerpo. No toque ni una coma de mi texto, decía Clarice Lispector a su editor;…El texto respira así.
En la página 39 hay un bello verso, ese que me hubiera gustado escribir:
harapos de sal
en la cremallera del sueño
Me lleva a una huella en el cuerpo cuando a los cuatro años casi me ahogo en el mar.
Él, Iván nos lleva a otra cosa, su poema sigue:
a veces no puedo dormir
no puedo dormir
Me apropio de ese primer verso que hace bella la angustia de muerte.
Para finalizar, o sea, abrir de nuevo, plantearé algo absurdo, algo sobre una resonancia en el cuerpo que queda sin respuesta; quizás Iván tenga la suya. Se trata del poema de la página 59, penúltimo del poemario.
la pasión de un gusano
radica
en la velocidad insumisa de su sombra
que ladea
la hoja
Este poema abre una brecha entre mi cuerpo y la voluntad. Siento también que con ella, con la pregunta hago un homenaje a Ariadna, una mujer que un día me dijo: “Fíjate que tonta soy. Hasta ahora pensaba, creía que mi azul era el mismo azul que el de los demás”
Descubrir que no la hizo muy feliz.
Ricardo Rubio