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PIPOL 7: VICTIMA! Bruselas, 4 y 5 de julio de 2015. 3er Congreso de la EuroFederación de Psicoanálisis

Sesión preparatoria HACIA PIPOL 7: “Lecturas y usos del cuerpo en el siglo XXI”,

08 04 2015, Sede de Valencia de la Comunidad Valenciana de la ELP

 

POLÍTICAS DEL CUERPO EN EL SIGLO XXI

Por Xavier Giner Ponce

 

1.- ¿Por qué elegí este tema?

Si nos ubicamos a finales de los años 60´ y miramos las imágenes de la época o leemos los best-sellers de aquel momento, u observamos las distintas manifestaciones de la cultura, tanto en occidente como en El Cairo, Jerusalem, Bamako, o Río de Janeiro, es muy difícil encontrar signos de que el fundamentalismo religioso iba a ser el “gran problema” que marcaría a sangre y fuego en inicio del siglo XXI. Más bien, todo o casi todo apuntaba en la dirección de la internacionalización de la emancipación colectiva e individual y del derecho a la satisfacción. Como es sabido, Lacan avisa en esa época del retorno de un amo aún más feroz.

Pero, ahora, para mí, al acercarme a los que J.-A. Miller ha llamado la ultimísima enseñanza de Lacan, se me iluminan otros pliegues al tiempo que la sólida estructura del psicoanálisis lacaniano se licua, se torsiona, se desdibuja. La primera intuición ha sido que esta transformación operada por Lacan no sólo responde a una lógica de transformación interna sinoque también es respuesta a la mutación que se está ya produciendo en la profundidades del gusto; es decir, que eso conceptos:real, parletre, un-cuerpo, sinthome, etc responden a ese desplazamiento de la verdad al goce que ya se estaba produciendo desde finales de los 60’ y que marcará nuestra época contemporánea: la llamada postmodernidad.

La segunda intuición ha sido que ese desplazamiento de la verdad al goce muestra la continuidad topología de fenómenos que en la lógica de la verdad aparecen como contradictorio u opuestos: liberación/opresión, exhibición/ocultación, verdad/creencia, víctima/culpable por tomar alguna de las oposiciones que recorren este trabajo que quiso ser, al principio, una reflexión sobre los usos del cuerpo por parte del fundamentalismo religioso en el siglo XXI pero que me acabado llevando un poco más allá

Efectivamente, la inexorable irrupción del fundamentalismo religioso desde finales del siglo XX, es algo que me interroga desde hace mucho tiempo: la potencia que obtiene de su posición de víctima porque todo fundamentalismo se construye de acuerdo a una misma lógica: nos defendemos de una agresión que nos ha sido causada; la película de Amenábar “Ágora” mostraba muy bien esta cuestión.

Pero el segundo aspecto que me interrogaba era la exhibición fundamentalista marcada también por un fuerte exhibicionismo en lo social a través de la ocupación del espacio público, de la uniformización de los modos del vestir,  de la sacralización de los semblantes, de la exaltación de la imagen; si recuerdan, fue muy llamativo la función y el uso de la imagen del imán Jomeini para la presencia y extensión del chiismo. En una religión que se había construido sobre el rechazo de la imagen surgía de repente y desde los sectores más fundamentalista una adoración, un uso de la imagen casi obsceno ¿cómo entender esto?

Por último, ¿cómo es posible que mujeres educadas en la época de la libertad sexual, de los métodos anticonceptivos, en la época en que la maternidad ya no es necesariamente su principal destino elijan, sin embargo, renunciar a eso y subordinarse a la función de madre que todos los fundamentalismos religiosos le proponen?

Para estas preguntas, tenía una primera hipótesis de trabajo: el fundamentalismo religioso contemporáneo usa el cuerpo como estandarte, como un elemento central de su práctica discursiva, de su política.

Pero, al mismo tiempo, ¿este uso del cuerpo como estandarte, como un elemento central de la práctica discursiva, en su doble vertiente de exhibición/ocultación, ocultación/exhibición no lo encontramos por todas partes en lo contemporáneo?El cuerpo postmoderno ya no es el cuerpo, ahora es un cuerpo susceptible de ser modelado, perforado, recortado, impreso, inventado a voluntad.   

La exhibición del cuerpo y su ocultación se articulan como una banda de moebius; está fue mi sorpresa.

Por tanto, y para concluir con este primer apartado: creo que la ultimísima enseñanza de Lacan nos permite entender mucho mejor todos estos fenómenos que caracterizan lo contemporáneo en los que las identificaciones imaginarias toman el lugar dejado por los ideales.

  

2.- la mirada y el cuerpo.

Cuando se aborda el tema del cuerpo velado de la mujer para el islam se hace desde dos posiciones básicas: las que consideran que es el signo de sumisión a un orden patriarcal que  fija a la mujer en su posición de hija, esposa y madre; o la posición contraria, se trataría de proteger a la mujer de la obscenidad masculina.

En la web de la Comunidad musulmana Ahmadía, que mantendría una posición fundamentalista moderada,  encontramos un artículo sobre la mujer y el islam (cf. La Mujer en el Islam, Comunidad musulmana Ahmadía  http://www.islamahmadiyya.es/inicio/mujer.html):

 El Islam no sólo establece normas para los individuos, sino también para el bienestar de toda la sociedad  en general. En este caso, la institución del hiyab/pardah protege la condición moral de la sociedad. A la mujer musulmana no sólo le recaen responsabilidades como madre e hija, sino que comparte con el hombre la responsabilidad de elevar el estándar moral de la sociedad. El Santo Corán menciona el hiyab como uno de los métodos para que el hombre y la mujer alcancen esta meta. Dice:

“Di a los hombres creyentes que recaten su mirada y guarden sus partes privadas. Esto es más puro para ellos. En verdad, Al-lah sabe perfectamente lo que hacéis”. (24:31)

“Y di a las mujeres creyentes que recaten su mirada y conserven sus partes privadas, y no revelen sus adornos, excepto lo que sea visible de ellos, y coloquen sus velos sobre sus pechos...” (24:32)

El versículo continúa enumerando a familiares cercanos con quienes no es preciso la observancia del hiyab/pardah. 

Estos versículos indican que tanto los hombres como las mujeres deben adoptar la modestia y decencia en todo momento, especialmente en presencia del sexo opuesto. Esta enseñanza se basa en el hecho de que el Islam reconoce que “prevenir es mejor que curar”. Por lo tanto, se prescribe la segregación de sexos con el fin de evitar situaciones que al final no puedan llegar a ser controladas. De esta forma, se puede prevenir el deterioro de los valores morales y se salvaguarda a la sociedad de problemas como el  adulterio, embarazos de adolescentes y enfermedades de transmisión sexual.

El Santo Corán requiere a las mujeres musulmanas que vistan con modestia, se cubran la cabeza y lleven una prenda exterior que oculte su belleza ante los ajenos.

 

El cuerpo se coloca en el registro de la mirada en este darse a ver, ser visto y verse que hace a la topología de la mirada: exhibición/ocultación y ocultación/exhibición. Pero como los comentarios subrayan lo que está en juego son “los deseos incontrolados” y “las pasiones indisciplinadas”, es decir, el imposible ordenamiento de la relación entre los sexos, la imposible sujeción de la pulsión, lo que tiene como consecuencia la imposibilidad de una escritura necesaria de la relación sexual.

 La comunidad hace tapón a los deseos incontrolados o a las pasiones indisciplinadas. El velo protege a la mujer de la mirada obscena (victima) del varón y del juicio moral de la comunidad. Pero, además, también se protege de sí misma (culpable), del sentimiento de extrañeza que la atraviesa y amenaza.

 Tanto los textos crítico como los legimadores subrayan el cambio de estatuto para la mujer una vez la menopausia ha advenido, una vez ella “es la mujer que vigila a las mujeres de sus hijos”, la “gran déspota”, “la piedra angular” que sostiene este edificio fálico.

 Se reconoce en estas figuras los rasgos de lo que Freud elaboró como el Superyó: una “instancia” diferenciada del yo, con capacidad para transformar al yo en puro objeto y juzgarlo en nombre de una ley estricta, rígida y cruel hecha como subraya J.-A. Miller en “Bourdin, el Hombre pulsional”: “de todo un poco: interdicción del incesto, renuncia a la hostilidad hacia la autoridad, exigencia de la vida en sociedad, aportes educativos, prescripciones religiosas, lecciones moral, instrucción cívica, y tuttiquanti”. Como recuerda, este lado TODO es lo que constituye según Freud  al superyó como “el representante de la tradición y de todos los juicios de valores que subsisten de este modo a través de las generaciones”. Sabemos, ahora con Lacan, que este imperativo superyoico de renuncia tiene también su reverso: un  feroz llamado al goce.  La emergencia del fundamentalismo religioso a finales del siglo XX y principios de este siglo XXI ejemplifica muy bien esta doble faz: el problema no es tanto el patriarcado cuanto cómo gestionar esta doble exigencia del superyó.

 Como señala LucileTroadec en “Ni víctima ni culpable” (publicado en el blog de Pipol 7): “Ser víctima o culpable implica siempre una falta que se ubica sobre otro o sobre sí mismo” y eso es lo que encontramos en los discursos legitimadores o en los discursos críticos respecto del estatuto dado a las mujeres en las religiones del Libro y de modo aún más radical en los distintos fundamentalismo que recorren a esta religiones en la época contemporánea porque si bien lo sagrado no es real, el goce que allí se condensa sí lo es.

 La consistencia que la religión promete al creyente es a condición de negarse su condición de cuerpo hablante.

En la ultimísima enseñanza de Lacan descubrimos que lo que se despeja como consistencia primera es el cuerpo y no el sujeto del significante y llega a afirmar que el cuerpo es la única consistencia del hablanteser, consistencia imaginaria  sin duda como los fenómenos contemporáneos de goce en torno al cuerpo muestran.

La sobreabundancia del cuerpo como imagen, de la imagen del cuerpo en el siglo XXI surge de una defensa generalizada contra lo real.

  

3.- el cuerpo en la enseñanza de Lacan

El cuerpo se introduce en la enseñanza de Lacan en primera instancia como imagen especular dando así al yo un estatuto distinto al reconocido por Freud en la segunda tópica.

Esta afinidad del cuerpo con lo imaginario también la encontramos en la última enseñanza de Lacan que muestra que es mediante su imagen como el cuerpo participa, en primer lugar, en la economía del goce.

Además, el cuerpo condiciona todo aquellos que en el registro imaginarioaloja como representaciones: el significado, el sentido y la significación, hasta la propia imagen del mundo. Es en el cuerpo imaginario donde las palabras de la lengua hacen entrar las representaciones.

 Asistimos  en esta última enseñanza de Lacan al  esfuerzo continuo por permanecer lo más cerca posible de la experiencia sin  aplastarse contra el muro del lenguaje, sin acomodarse a los cantos de sirena del nombre propio.  Como subraya J- A. Miller en el texto de presentación del próximo congreso de la AMP, “el cuerpo cambia deregistro como “cuerpo hablante””.

Cuando hablamos del síntoma con de un sinthome hacemos un desplazamientodel concepto de síntoma como formación del inconsciente, como efecto de sentido. El sinthomede un habanteser es un acontecimiento del cuerpo, una emergencia de goce.

Así, prosigue Miller, si con Freud y con Lacan, podemos decir que el mecanismo de la represión nos es explicitado por la metáfora;  sin embargo, ahora, en este útimo giro que va del inconsciente al habanteser, la metáfora nos da el envoltorio formal del acontecimiento en el cuerpo: “la represión explicitada por la metáfora es un cifrado, y la operación de este cifrado trabaja para el goce que afecta al cuerpo”.

 Un tercer término se une a hablanteser, y a sinthome, es  “el escabel” aquello sobre lo que se alza el hablanteser para “ponerse guapo” es su pedestal, es lo que le permite elevarse, él mismo, a la dignidad de la cosa. Traduce de un modo ilustrativo la sublimación freudiana, pero en su cruce con el narcisismo. El escabel es la sublimación del yo, es la negación del inconsciente mediante la cual el parletre se siente amo de su ser, pero no un amo cualquiera sino un amo bello. Lo que se llama la cultura no es sino la reseva de los escabeles.

¿Qué es lo que fomenta el escabel? En el hablanteser, el escabel es su faz de goce de la palabra. Es este goce de la palabra el que da a luz los grandes ideales del Bien, de lo Verdadero, y de la Belleza.

El sinthoma, por el contrario, como síntoma del hablanteser, por su parte resulta del cuerpo del hablanteser. El síntoma surge de la marca que excava la palabra cuando adquiere el giro del decir y se hace acontecimiento en el cuerpo.

Por tanto: el escabel está del lado de goce de la palabra que incluye el sentido mientras que el goce propio del sinthome excluye el sentido.

La solución que Lacan encuentra con Joyce es saber hacer converger el síntoma con el escabel. La civilización contemporánea propone aplastar el síntoma con el escabel.

 J.-A. Miller recuerda que si Freud distinguía entre modos de la conciencia: consciente – preconsciente – inconsciente, nosotros distinguimos modos de la palabra: la metáfora y la metonímia, que tomamos de la lingüística; lo modal y lo apofántico que tomamos de la lógica, etc. Cito:“el inconsciente, cuando es conceptualizado a partir de la palabra y no ya a partir de la conciencia, lleva un nuevo nombre: el parlêtre. El ser en cuestión no precede a la palabra. Por el contrario, es la palabra la que le otorga el ser a ese animal por un efecto a posteriori, y entonces su cuerpo se separa de este ser para pasar al registro del tener”.

Este es el giro fuerte, radical: el ser es efecto de la palabra y no su causa, también el cuerpo. Como señala J. Lacan en el Seminario 23, El sinthome,  el cuerpo, “elparlêtre no lo es, lo tiene”.

 Y J.-A. Miller concluye: “El parlêtrese las tiene con su cuerpo en tanto que imaginario, como se las tiene con lo simbólico.(Subrayo: “se las tiene”, con lo simbólico y con lo imaginario, uno se las tiene) …” Y el tercer término, lo real, es el complejo o el implexo de los otros dos. El cuerpo hablante, con sus dos goces, goce de la palabra y goce del cuerpo, uno que conduce al escabel, otro que sostiene el sinthome. Hay en el parlêtre al mismo tiempo goce del cuerpo y goce que se deporta fuera del cuerpo”.

Tenemos entonces estos dos registros del goce que dividen materialmente al hablanteser, al cuerpo hablante, y a esta división responde la creencia en la unidad imaginaria del ser y el cuerpo.

 El cuerpo hablante goza, pues, en dos registros: por una parte goza de sí mismo, se afecta de goce, se goza –empleo reflexivo del verbo –, por otra parte, un órgano de este cuerpo se distingue por gozar por sí mismo, condensa y aísla un goce aparte que se reparte en los objetos a.

 el concepto del cuerpo hablante, por el contrario, está en la juntura del Ello y el inconsciente. Lacan recuerda que las cadenas significantes que desciframos a la freudiana están conectadas al cuerpo y que están hechas de substancia gozante. Freud decía del Ello que era la gran reserva de la libido, ese dicho se deporta al cuerpo hablante que es como tal substancia gozante. Es del cuerpo de donde son tomados los objetos a; en el cuerpo es donde se extrae el goce para el que trabaja el inconsciente [17]. De ello se sigue que el inconsciente mismo es una elucubración de saber sobre el cuerpo hablante, sobre el parlêtre.

 ¿Qué es una elucubración de saber?Es una articulación de semblantes que se desprenden de un real y a la vez lo encierran. La mutación principal que afectó al orden simbólico en el siglo XXI, es que ahora es concebido muy generalmente como una articulación de semblantes.

Los ideales, las categorías tradicionales que organizaban la existencia pasan al rango de simples construcciones sociales, condenadas a la deconstrucción. No se trata sólo de que los semblantes vacilen, de que los ideales se debiliten, sino que sea desvelado su naturaleza de semblante y con eso hemos de tenérnoslas: el cuerpo como semblante permite entender la emergencia de muchos fenómenos que son contemporáneos.

Pero como subraya J.-A. Miller, pero con la ultimísima enseñanza de Lacan, Lacan restituye el otro término de la polaridad conceptual: no todo es semblante; hay un real. Lo real del vínculo social es la inexistencia de la relación sexual. Lo real del inconsciente es el cuerpo hablante.”

  

Este desplazamiento de la verdad al goce da la medida de aquello en lo que se convierte la práctica analítica en la era del parlêtre.

 

Xavier Giner Ponce

08.04.2015

  

Bibliografía

 Mujeres musulmanas ¿misoginia o religión? por Georgina Orué

http://www.geocities.ws/obserflictos/mujerislam.html

 

la cultura del cuerpo en el islam (nacimiento y muerte del cuerpo y la circuncisión) AymanAlshboulYarmoukUniversity, Irbid – Jordan,

Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas | 34 (2012.2)

http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/34/aymanalshboul.pdf

 

La Mujer en el Islam, Comunidad musulmana Ahmadía

http://www.islamahmadiyya.es/inicio/mujer.html

 

Bourdin, el Hombre pulsional por Jacques-Alain Miller

El inconsciente y el cuerpo hablante por Jacques-Alain Miller

Piezas sueltas, capt.  XIX “La relación corporal”, Jacques-Alain Miller, Paidós 2013

El “ultimísimo” Lacan, capt.  VII “Un-cuerpo”, Jacques-Alain Miller Paidós 2012