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El día 19 de Octubre tuvo lugar en la Sede de la ELP, en el marco de las actividades que desarrolla la Biblioteca, la presentación sin autor, del libro “Estamos todos locos. La salud mental que necesitamos” de Eric Laurent.

Para ello contamos con la presencia de Concha Carretero, Francesc Roca y Ricardo Rubio.

Concha Carretero inició el encuentro presentando el libro como una serie de conferencias y artículos realizadas y recogidas por el autor. Discurre en cinco apartados temáticos y relacionados entre sí: La fragmentación del campo Psi. Acerca de la función del analista en la civilización. Topología del Trauma. La máquina evaluadora. Producción y control de la infancia.

El libro se presenta en términos generales como una crítica al panorama actual de la salud mental.

La burocracia aplicada a lo sanitario ha creado infinidad de normas, protocolos, etiquetas y categorías. Se multiplican los diagnósticos y los tratamientos con un exceso de medicalización farmacológica. Aumenta el afán de objetivar y estandarizar, creándose un efecto bucle que induce a que tan pronto se nombra una categoría, el sujeto se apodera de ella y la reivindica para sí. Esta estandarización se apoya en la estadística y se ejemplariza en el DSM-V con grandes dificultades para fijar los límites entre lo normal y lo patológico, confirmando a su modo que todo el mundo está loco, es decir delira, como decía Lacan.

Los 30 años del proyecto del DSM lo han “descubierto” como un instrumento de gestión de poblaciones calculadas desde las administraciones.

Ante la impotencia burocrática sanitaria se busca la participación de lo Psi, requiriéndose en términos de instrumento de vigilancia. Desde el campo de lo psi se plantean terapias combinadas donde se encontraría el psicoanálisis. Se ve que el psicoanálisis tiene lugar siempre que hay un imposible de tratar.

En las intervenciones de Eric Laurent se escucha con fuerza la voz del psicoanálisis. Nos advierte de las diferencias con otras psicoterapias que buscan el bien del paciente y el conformismo de la norma social. El psicoanalista no se forma para ser psicoterapeuta, lo es por añadidura. El psicoanálisis rechaza la evaluación basada en la cifra, la evaluación que aquí se propone es cualitativa y compleja, con prevalencia del saber en la clínica que no en la gestión burocrática. No aplica un protocolo estándar por lo que puede considerarse fuera del campo psi a pesar de estar en él. Pero esta extraterritorialidad no debe ser un quedarse fuera, sino un lugar extimio que permita otra posición y otro estilo de intervención en el sentido de abordar el síntoma del sujeto y desenmascarar el deseo que oculta.

Frente a la hipermodernidad y sus efectos, interesa al psicoanalista orientarse sobre el enloquecimiento general aprendiendo a navegar bajo la brújula del objeto “a” que anude el goce y el dolor de existir.

Francesc Roca nos condujo de manera singular por el libro, de la mano de otro libro, que a su vez en su título traducido al castellano viene a proponernos otra lectura: “¿Todos somos enfermos mentales? Lo normal y lo patológico” de Allen Frances. Alusión a lo que parece una conclusión similar del DSM-V respecto de ese “todo el mundo delira”. Pero de este lado el delirio no es tanto del sujeto como del propio lenguaje que parece encontrar lo que busca, la enfermedad como entidad natural, en cada realidad en la que se posa. Para cada ciudadano su enfermedad, su dedo acusador señalador: tú estás enfermo, tú has perdido tu salud mental.

¿Pero qué es estar mentalmente sano? Y resuenan ecos, irónicos ecos….paz social…. silencio de los órganos…..bienestar físico, psíquico, social…

El DSM adquirió fuerza de ley al fijar las fronteras entre lo normal y lo patológico, pero según el autor A. Frances, debería quedarse en lo que es, un manual de diagnóstico y no servir de presión social normativa obnubilada por la optimización de las prestaciones.

El DSM-V pretende ser el paradigma de la psiquiatría y la portada del libro de Laurent nos ilustra sobre lo que puede ser la biopolítica aplicada a la salud mental y su relación con la definición de

J.A. Miller cuando la equipara con la paz social.

Todos los vehículos-ciudadano, cada uno con sus peculiaridades, siguiendo un mismo camino, q tomen la opción que tomen, les lleva a los psicofármacos. Antidepresivos, inductores del sueño, ansiolíticos. O bien hacia el universo PSI. O hacia modelos informáticos estandarizados.

¿Qué elegimos, qué podemos elegir? La queja… el silencio…. ¿Qué criterio nos guía en nuestra elección? ¿Cómo resolvemos esta crisis entendida como incertidumbre?

El DSM propone un criterio basado en un sistema de clasificación que aspira a tener validez universal aplicada a lo patológico y sus marcas, sobre las que se pueda formular proposiciones verdaderas que excluyan toda idea de trascendencia. Este criterio pretende así acallar la incertidumbre asociada a la crisis.

Y para terminar: ¿Es esta la salud mental que necesitamos, aquella que nos reduce a la locura de la incertidumbre entendida como certeza?

Ricardo Rubio abordó La Topología del trauma. Interesante recorrido, ordenado y conciso, por el concepto de trauma. Ricardo nos puso en el punto de partida: Laurent nos enseña con Lacan que el trauma no se toma en psicoanálisis como algo puramente accidental, o facticio, sino que se entiende desde la estructura y de ahí su singularidad.

El trauma es generalizado en tanto toca a todo ser hablante y es singular, a la vez, porque en cada uno de nosotros toma una forma especialmente singular. Cada uno de nosotros sintomatizamos de un modo distinto el encuentro con lalengua, siendo esto lo más específico del ser hablante.

El trauma tiene que ver con el escándalo de lo contingente, de lo imposible de programar. En los atentados de Madrid y Nueva York, vemos como se trataba allí de la imposibilidad de los discursos tanto político como social de abarcar el sinsentido de la cosa, apareciendo un agujero en el discurso.

El trauma como pérdida. Relación entre el nudo de la neurosis y el síndrome de repetición para llegar a que en el síndrome de repetición traumática hay un fracaso de la repetición neurótica, de las defensas, de las barreras frente a la excitación.

El trauma como un agujero en el interior del simbólico, simbólico que es el conjunto de representaciones a través de los cuales el sujeto quiere reencontrar la presencia de lo real. El sujeto no puede responder a lo real si no es sintomatizándolo o de otro modo, el síntoma es la respuesta del sujeto a lo traumático del real. Este punto del real imposible de absorber en lo simbólico, es la angustia, en sentido general, que incluye la angustia traumática.

Terminamos este apasionante recorrido con lo que E. Laurent plantea sobre la posición del psicoanalista: el psicoanalista devolverá un sentido a lo que no lo tiene en la historia del sujeto. Y también: el psicoanalista es el que “pone a hablar” siendo un partener que traumatiza el discurso común para autorizar el discurso del inconsciente.

El libro y su personalísima presentación a cargo de Concha, Francesc y Ricardo suscitaron gran interés, evidenciándose en la conversación que posteriormente se inició, dándonos de nuevo la palabra y la oportunidad de compartir nuestras ideas y experiencias. Gracias a los ponentes. Gracias a la Biblioteca.