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En el Seminario sobre Los cuatro conceptos del psicoanálisis, Lacan recoge una anécdota de juventud sobre una lata de sardinas que ve flotar en el mar. A partir de ese encuentro, Lacan reflexiona sobre el objeto mirada: «¿Ves esa lata de sardinas?, ¿la ves? −le pregunta un pescador−. Pues bien, ¡ella no te ve a ti!»

¿Miramos el objeto o somos mirados por él? ¿Cómo llega el libro que estamos leyendo a nuestras manos? ¿Lo elegimos o nos elige?

 

El relato de Blixen es uno de los tres escritos que se trabajaron en la última sesión de Un encuentro con… ¿Qué me miró a mí de esta invención –y no es sin intención este último sustantivo? Interesa que, siendo un encomio del vacío como condición para la creación (la página o el lienzo en blanco), esté protagonizado enteramente por mujeres, linaje de mujeres narradoras e intérpretes como las reinas, viudas, madres, doncellas, damas de honor y monjas que quedan sumidas en la más profunda de las reflexiones ante el lienzo blanco; interesa la reflexión metaliteraria en tanto que lo silenciado en una narración, y es esto uno de los ejes a los que apunta el relato, hace de la lectura creación, convierte al lector en protagonista activo de la producción literaria; interesa asimismo por la técnica de caja china que la autora emplea para narrar en muy pocas páginas una tradición cuentística, el  proceso de elaboración del más excelente y blanco lino hecho en Portugal y una costumbre aristocrática portuguesa consistente en exhibir la sábana de la noche de bodas de la hija de la casa para proclamar con solemnidad «Virginem aem tenemos» (Declaro que era virgen). Interesa todo esto, pero lo que a mí me detiene aquí es el concepto de historia que aparece en el relato. «Cuando el narrador es fiel, eterna e inquebrantablemente fiel a la historia, al final es el silencio quien habla», le dice la abuela contadora de historias aleccionando a su nieta. Por esa razón, y como muestra de fidelidad a la historia, en el convento en que se elabora el lino de las sábanas, se encuentran enmarcados museísticamente los trozos de tela manchados de las recién casadas nobles; la identificación mediante la filiación de estas permite reconstruir su historia, o mejor dicho, retazos de su biografía. Pero junto a estos marcos se encuentra una sábana blanca como la nieve en la que no figura nombre alguno, sin embargo allí está. Es «la lealtad eterna e inquebrantable» de los padres de la joven no virgen la que ha dado la orden de colgar ese retal blanco que publica el deshonor de su hija. Honor y fidelidad a la Historia, a la verdad histórica es lo que les mueve a hacerlo, si bien silencian sus nombres. Sin embargo, «cuando la historia ha sido traicionada, el silencio no es más que vacío». Ahí hay historia en otro sentido, en tanto que construcción, y por ello es el lienzo que más expectación recibe, porque obliga al que lo mira a construir la historia que oculta.

 

La página en blanco a la que se enfrenta el escritor o el lienzo impoluto antes de la primera pincelada son tópicos a los que se recurre comúnmente para hablar de horror vacui del creador. No se trata de esto en este caso.

Toda obra artística es susceptible de tener distintos niveles de significación. Blixen se sirve de la fábula de las sábanas nupciales para establecer un correlato entre lo que publican los lienzos y la creación literaria; la recurrencia a «la fidelidad de la historia» es lo que me conduce a pensar en torno a la noción de historia que se construye en un recorrido analítico. La irrealización de los referentes a lo largo de un análisis destituye todo lo que encubre el agujero. No hay una verdad histórica del sujeto, sino que es construida a partir de nada, del vacío y del agujero. Lacan, en el Seminario 7, llama a esta elaboración una construcción ex-nihilo, ficción que parte de una imposibilidad estructural de completud y que se construye en la dialéctica entre analista y analizante a lo largo de un análisis.[1]

En los lienzos manchados del cuento de Blixen «una persona de cierta imaginación y sensibilidad podría reconocer todos los signos del Zodíaco (…) o discernir imágenes de su propio mundo de ideas», frente al lienzo en blanco la invención ha de advenir, igual que adviene en un sujeto en análisis, aunque al final lo que se produzca es también cierto borramiento del sentido, cierta reducción de la significación y un consentimiento al no-hay.

[1] Reflexión deudora de algunas consideraciones que Jorge Chamorro hace en La clínica de la psicosis, Buenos Aires, Cuadernos del Instituto Clínico de Buenos Aires, 8, 2004, pp. 47-65.