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Barcelona, Editorial Alfaguara, 2008

 En el Seminario sobre Los cuatro conceptos del psicoanálisis, Lacan recoge una anécdota de juventud sobreuna lata de sardinasque ve flotar en el mar.A partir de ese encuentro, Lacanreflexiona sobre el objeto mirada: «¿Ves esa lata de sardinas?, ¿la ves? −le pregunta un pescador− Pues bien, ¡ella no te ve a ti!»

¿Miramos el objeto o somos mirados por él? ¿Cómo llega el libro que estamos leyendo a nuestras manos? ¿Lo elegimos o nos elige?

 

Mi amiga Luz Celestina Soutotrabaja las narrativas sobre la apropiación de menores en las dictaduras española y argentina; fue ella quien puso ante mi mirada Perder, novela de Raquel Robles que pone en relato el duelo de una madre por la pérdida de su único hijo y convierte una extensa pila de libros,que se exige leer,en una forma de autoanulación.

Perder es una novela cruda, descarnada, poco amable que, sin embargo, interesa; es una disección del dolor, del sentimiento de abandono y vacío que empuja a esta mujer estragada por un acontecimiento traumático a emprender un recorrido que va desdeunadevastadora desolación hasta cierta recuperación, siempre idílica, del objeto perdido.

Sin embargo, la angustia no se desencadena tras la muerte del hijo, sino que viene de mucho antes: «No fui una de esas niñas felices que se sorprenden cuando sobreviene un dolor (…) Cada vez que conocía a alguien, cada vez que me sentía irremediablemente comprometida con alguien, imaginaba cómo sería la vida sin él».Esta declaración proporciona la clave de lectura de un personaje y de su particular modo de convivir con el vacío. Cuando la pérdida del hijo le sobreviene y se apodera de ella el dolor y el desamparo, comienza elitinerario de elaboración del duelo. Negándose a cualquier satisfacción o alegría y vaciada de deseo, con el peso de una maleta llena de libros, se aísla voluntariamente del mundo internándose en un psiquiátrico; allí conoce a Stephan, rumano atravesado por otra pérdida que muere al poco tiempo. La madre sin hijo que es emprende entonces un viaje a Rumanía siguiendo los pasos de un hombre muerto. Los cuidados de una desconocida, el encuentro con la madre de Stephan y, sobre todo, la extraña relación que entabla con un niño con el que no puede comunicarsetransformapaulatinamente el agujero sin bordesque la engulleen unacura, si nodel olvido, sí para la existencia.

 

Rosa Durá Celma