
La película Alpha toma el nombre de su protagonista, una adolescente que se tatúa en su brazo su inicial. La primera letra del alfabeto griego inaugura un mundo, una civilización. Sin embargo, Alpha hace frente a un universo que se derrumba en una distopía postpandémica. Alpha es, pues, una película donde los cuerpos tratan de elevarse unos a otros mientras son zarandeados por el viento o enferman deshaciéndose literalmente. Desde las nubes solo llueve arena, por lo que difícilmente se filtra la luz, tan importante para los semblantes.

Alpha abrió la 58 edición del Festival de Sitges –Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya– presentada por su directora Julia Ducournau, una de las cineastas francesas contemporáneas más relevantes después de ganar la Palma de Oro en Cannes por Titane (2021). Si en Titane la carne se convertía en un metal caliente, en Alpha esta deviene mármol frío. Ambas fantasías son modos de tratar de exorcizar lo real que emerge en los placeres de la carne o su putrefacción.
El cine de Julia Ducournau es heredero de David Cronenberg, el autor que probablemente mejor ha puesto en escena lo real del cuerpo, y que en los años 70 inauguró la nueva carne. También se alinea con la tradición del cine francófono que enuncia al filo de la piel –Claire Denis (Trouble Every Day, 2001)o Marina de Van (Dans ma peau, 2002).
Alpha es una historia que danza y agoniza entre la sexualidad, la entrega a la pulsión de muerte y los límites de revivir al otro. Ducournau continúa su atención a los encuentros enigmáticos del cuerpo femenino con la sexualidad que ya abordó en Crudo y que la cineasta suele poner en escena como una herida por donde se escapa el cuerpo, la sangre o la vida. Hay una vía abierta de escritura sobre la importancia de la sangre en la histeria y en la historia que están escribiendo las directoras en el subgénero del coming-of-age.
Alpha se alinea tangencialmente con dos de las películas españolas más importantes del año: Sirât (Oliver Laxe, 2025) y Romería (Carla Simón, 2025). Comparte con Sirât los cuerpos que se pierden a cada paso, las derivas de guion o estructura; con Romería, el amor a los fantasmas y el duelo. De ambas toma los cuerpos que se retuercen por la heroína. Estas coincidencias muestran cómo los artistas, a la vez que interpretan la época, son superados por sus propias obras, que hablan más allá de ellos y que conversan independizándose de las intenciones de sus creadores y creadoras.
Alpha nace y se (en)cierra en una estructura narrativa de repetición. Pues el tiempo fílmico se abandona al tiempo subjetivo de sus protagonistas, al tiempo estancado del duelo, al tiempo sin futuro de un mundo distópico, al tiempo urgente de la angustia o el tiempo de una herida abierta. El tatuaje de Alpha no cicatriza, sino que sangra y espanta a los otros, dejándola aislada y en soledad. Esa A tatuada es una puesta en forma de la letra lacaniana, esa letra-hendidura que dibuja el borde del agujero en el saber (Lacan, 2012), esa letra que no queda capturada en el significante, esa letra-trazo, tachadura en la piel, el dolor de lalengua sobre la carne.
Alpha se estrenará en los cines el 21 de noviembre de 2025.
Shaila García Catalán. Psicoanalista en Sitges
Bibliografía
Lacan, J., Lituratierra (1971), Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 24.