El Uno todo solo

Comentario de los capítulos IX, XII y XIV del curso de Miller

Hay que agradecerle a Margarita, la orientación que nos ofreció para esta noche, que es el comentario de los capítulos IX, XII y XIV del curso de Miller, y creo que esto nos permite una continuidad del trabajo que habíamos comenzado la vez pasada con los capítulos VII y VIII del curso de JAM, junto con las puntuaciones que había hecho Xavier respecto a la orientación del Uno en lo que concierne a la dimensión política del Uno. 

La noche anterior entonces tratamos de aislar un punto que me parece decisivo para orientarnos en el curso de JAM: que es la diferencia entre el ser y la existencia.

Miller subraya que, en la enseñanza de Lacan, el ser no tiene el estatuto ontológico que encontramos en la tradición filosófica. No se trata ni de una sustancia ni de un fundamento último del mundo. Dicho de otra manera: El ser, en la enseñanza de Lacan, depende del discurso. Es decir, depende del significante. Pero la existencia como tal apunta a otra cosa. Con la existencia nos encontramos con algo que insiste, algo que se presenta como un hecho, algo que no depende simplemente del sentido ni de la interpretación, es decir que no depende de la combinatoria de los significantes. 

Este punto es importante porque nos permite situar con precisión el desplazamiento que Miller va a formalizar en este curso. Que es el desplazamiento del ser a la existencia. 

Si nos orientamos por la experiencia analítica, es decir por el discurso de los analizantes, me parece que es importante captar algo que no se reduce simplemente al ser del sujeto. Sabiendo inclusive de la imposibilidad de nominación de un ser que pueda escribir algo del sujeto. Más bien, en la experiencia clínica lo interesante no es tanto el relato como tal, la historia que el sujeto se cuenta a sí mismo.  Sino más bien es estar atento a aquello que en el relato insiste, algo que vuelve, algo que se repite, algo que tropieza en el discurso. 

Y es ese elemento mínimo de repetición lo que conviene aislar, es lo que Lacan terminará nombrando como el Uno.

El inconsciente no es un ser

Creo que de una forma u otra este desplazamiento ya estaba anticipado en la enseñanza de Lacan. Por ejemplo, en los cuatro conceptos, Lacan introduce una formulación que vale la pena citar con precisión cuando dice: “El inconsciente no es un ser, sino algo que se realiza en la hiancia que se abre en el discurso.” Y añade inmediatamente algo muy notable: “La marca de la abertura del inconsciente es algo que podríamos calificar de pre-ontológico.”

Esto es importante porque todo indica que lo que Lacan quiere decir es que el inconsciente no pertenece propiamente al registro del ser. No es una sustancia escondida en alguna profundidad del sujeto. Es más bien una hiancia en el discurso,  algo que aparece y desaparece. Algo que se manifiesta en ciertos momentos de la experiencia, a partir de lo que llamamos las formaciones del inconsciente: en el lapsus, en el sueño, en el chiste, en el síntoma. Y en este sentido Lacan sitúa el inconsciente antes de la ontología. ¿Pero porque antes de la ontología? Porque el ser de alguna manera, no tiene otra opción que el significante, mientras que el Uno no responde más que de lo real. Por ejemplo, en el capítulo IX (empiezo comentando algunas cuestiones de este capítulo 9 que permiten elucidar la cuestión), por ejemplo, Miller nos dice que cuando Lacan afirma que no hay relación sexual, “se trata de algo dicho a nivel de lo real no del ser. A nivel del ser la hay en abundancia, a profusión. Dicho a nivel de lo real formula que la inexistencia de la relación sexual no es una represión. De igual modo su afirmación precedente Hay de lo Uno, es correlativa de ese No hay relación sexual…”  Y este no hay relación sexual o este Hay de lo Uno, se inscribe en una anterioridad lógica al significante, donde no hay represión ninguna. En una dimensión que Lacan llama  pre-ontológica.

Heidegger

Este punto permite entender también el diálogo que Lacan mantiene durante años con la filosofía. Particularmente con Heidegger. Porque Heidegger había planteado que la pregunta fundamental de la filosofía era la pregunta por el ser. Después va a refutar esta tesis en favor de que lo esencial no es el ser sino el tiempo. 

Y había subrayado también que el lenguaje tenía una relación esencial con el ser. En ese sentido, durante un tiempo Lacan conversa con esta problemática. Pero lo interesante es que la experiencia analítica lo conduce a un más allá de la ontología. No se trata ya solamente del ser del sujeto. Se trata de algo más elemental.

Algo que aparece en la repetición misma del discurso, pero, no se vuelve sencillo pensar esto, es decir que la repetición del discurso, en el discurso mismo aislar un elemento que no es significante. Y ese elemento es el Uno.

Ser, existencia y tener un cuerpo

Y creo que aqui conviene detenerse un momento, volver en la distinciónn entre ser y existencia, porque Miller le da un valor muy preciso en este curso. En un momento señala algo muy esclarecedor. Dice:

“Es preciso pasar por la diferencia entre el ser y la existencia para acordar su valor a la diferencia entre el ser y el tener.” (Capítulo IX).

Esto introduce inmediatamente otra distinción muy fundamental. La diferencia entre ser un cuerpo y tener un cuerpo. Porque para Lacan el sujeto no es un cuerpo. El sujeto tiene un cuerpo.

Y este tener un cuerpo es lo que se ubica del lado de la existencia. Dice Miller:

“Tener un cuerpo se ubica del lado de la existencia.” (Capítulo IX).

Esto introduce una dimensión que, efectivamente no es simplemente simbólica, va mucho más allá de lo simbólico. Si bien el sujeto está capturado por el lenguaje, pero al mismo tiempo tiene un cuerpo. Y ese cuerpo no es una pura forma imaginaria. Ese cuerpo está marcado por el significante, marcado por el significante en la transferencia podemos decir. Es decir, el lenguaje deja huellas en el cuerpo, o dicho de otra manera, la experiencia analítica produce marcas en el cuerpo. Y esto permite entender también por qué Lacan introduce el término parlêtre, el hablante-ser. El parlêtre es ese ser que habla y que tiene un cuerpo. No es solamente un sujeto del significante. Es un ser afectado por el lenguaje en su cuerpo.

Del ser al Uno

El desplazamiento del ser al uno es lo que Miller formaliza en este curso. Es decir produce la lógica de este desplazamiento para llegar a poder deslindar la función del Uno todo solo. Era primero necesario este desplazamiento, para poder llegar a este Uno todo solo, y este desplazamiento es producto mismo de la lógica de la cura, lo que la experiencia a medida que se desarrolla, le va enseñando a Lacan. Como ese estatuto de la experiencia va orientándose en la dirección del Uno. 

Miller lo formula en términos muy claros cuando introduce la noción de henología. Dice:

“Nos ubicamos aquí en el registro austero, parsimonioso de la doctrina del Uno, la henología… cuyo discurso y divisa es: ‘Hay de lo Uno’.” (Capítulo IX).

La palabra henología remite a una tradición filosófica muy antigua. Por ejemplo al Parménides de Platón, donde el Uno aparece como anterior al ser. Y Miller añade inmediatamente algo importante.

Dice:

“En la medida que el ser depende del discurso, el ser depende del Uno, y el Uno es anterior al ser.”


(Capítulo IX) Esto, en la lengua de la filosofía invierte completamente la perspectiva metafísica clásica. Ya no partimos del ser, partimos de algo mucho más elemental: que hay Uno. Lo podemos pensar en los términos mismo de la experiencia analítica, porque esto implica que no partimos del ser, en el sentido de una búsqueda primera, de alguna causa prínceps, Sino que partimos del Hay del Uno, y esto implica una manera muy diferente de entender la práctica, inclusive la práctica como Lacan la había establecido en la primera parte de su enseñanza.  

Probablemente, el seminario XIX es el momento en que Lacan establece este cambio de registro, en Ou pire Lacan precisa:

“El Uno del que se trata no es el Uno de la unidad. Es el Uno de la repetición.” Esto quiere decir que el Uno lacaniano no es una sustancia, ni una esencia. Es un efecto de repetición del significante.

Miller insiste mucho en este punto. El Uno del que se trata aquí no es el uno de la aritmética.

Dice explícitamente:

“El Uno del que se trata no tiene nada que ver con el uno que ustedes encuentran en la serie de los números.” (Capítulo IX)

Es algo mucho más elemental. Es el Uno de cada significante. Cada significante es Uno. Y ese Uno funciona como una marca. Una marca que tiene efectos en el cuerpo.

El goce como causa del mundo

En este punto Miller recuerda una frase muy notable de Lacan. Una frase que aparece en Autres écrits. En radiofonía precisamente Lacan escribe:

“El goce viene a causar lo que se lee como mundo.”

Esta frase desplaza completamente la perspectiva metafísica. La metafísica clásica cree que el ser funda el mundo.

Lacan sugiere algo distinto. Sugiere que lo que funda el mundo es el goce. Algo que pertenece al cuerpo. Algo que pertenece a la experiencia pulsional.

El acontecimiento de cuerpo

Este punto se vuelve central en el capítulo XII. Miller muestra que a partir de la fórmula Hay de lo Uno cambia completamente el estatuto del cuerpo.

Dice:

“Ocurre algo muy diferente a partir de esa pequeña oración ‘Hay de lo Uno’, porque el cuerpo aparece entonces como el Otro del significante, en tanto marcado por él.”
(Capítulo XII)

Y añade:

“Ese acontecimiento de cuerpo que es el goce aparece como la verdadera causa de la realidad psíquica.” (Capítulo XII)

Esto quiere decir que el significante no produce solamente sentido. Produce también goce. Produce un acontecimiento en el cuerpo.

La contingencia del acontecimiento

Miller insiste además en algo importante. El acontecimiento de cuerpo está ligado a la contingencia. Dice:

“Hay una extraordinaria contingencia de los accidentes.” (Capítulo XII).

Algo fue dicho. Algo fue escuchado. Algo se inscribió. Y ese acontecimiento deja una marca. Esa marca se sedimenta y termina organizando la vida psíquica.

El síntoma como acontecimiento del cuerpo

Y esto permite entender la redefinición del síntoma. En la última enseñanza de Lacan el síntoma se define como: “un acontecimiento del cuerpo.”

El síntoma ya no aparece solamente como mensaje cifrado. Es una marca de goce. Una fijación. Un punto donde el significante dejó su huella en el cuerpo.

Dice Miller:

“Hay en el síntoma un Uno opaco, un goce que como tal no es del orden del sentido.” El análisis puede producir sentido. Pero al final se encuentra con algo que no se reduce al sentido.

El decir y lo que se oye

Este punto puede articularse con una formulación tan citada de Lacan en L’étourdit.

Allí Lacan escribe:

“Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se oye.” O sea, que el goce del decir no coincide necesariamente con lo que se dice. Ni con lo que se oye. Siempre queda un resto. Algo que escapa al sentido.

El Uno que habla solo

Es aquí donde aparece la fórmula que Miller sitúa en el capítulo XIV.

Dice:

“Es en la soledad del Uno único donde toma su punto de partida el último tramo de la enseñanza de Lacan: el Uno único que habla solo.” (Capítulo XIV).

Cuando la función del Otro se reduce, lo que aparece es el Uno. El Uno del goce. El Uno del síntoma. El sujeto descubre que hablaba suponiendo un Otro de la verdad. Pero que en última instancia habla solo.

Podríamos decir entonces que el recorrido que Miller propone en este curso conduce a una formulación bastante radical.

La experiencia analítica no conduce solamente a una verdad sobre el ser del sujeto.

Conduce a aislar algo mucho más elemental.

Un Uno de goce.

Un Uno que no forma totalidad.

Un Uno que no se articula plenamente al sentido.

Un Uno que insiste.

Un Uno que se repite.

Y es precisamente ese Uno lo que Miller termina nombrando con una fórmula que resume toda la última enseñanza de Lacan: el Uno todo solo.

Oscar Ventura

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