“No es bueno que el analista esté solo”. El pase del  parlêtre

Entre la soledad del acto y la comunidad de Escuela

En la doctrina clásica, el deseo del analista aparece como pivote de un análisis y de su final. El deseo del analista es una x que está en el lugar de la significación última. El final de análisis sería la solución de esa x. A la luz de su última elaboración (“Prefacio a la edición inglesa del seminario XI”), podemos dar cuenta del lugar subordinado al deseo del analista que le concede al goce en esta doctrina del pase.

En el texto “Proposición” se plantean dos soluciones: un hay y un no hay. La solución negativa que alude a que no hay nada en ese lugar, en el lugar de la significación última no hay más que vacío.  Se trata de la subjetivación de la castración que más tarde será la subjetivación de la relación sexual que no existe. La solución positiva corresponde al aislamiento de la función a minúscula que obtura el lugar negativo del menos phi.

Para acceder a esta solución, Lacan pasa por una transformación de la función del Sujeto Supuesto al Saber, es decir, un cierto efecto de significación que obtura la solución del deseo del analista. La suposición del inconsciente según la cual lo que se dice quiere decir otra cosa.

Se trata de un saber efectivo, un saber que el sujeto se vuelve por la experiencia. Es el sabio de su deseo, conoce la falta en que se enraíza su deseo y conoce el plus de gozar que obtura esa falta. El pase en ese momento implicaba que el sujeto dijera lo que sabe luego del final de análisis. Así, la llegada de un elemento nuevo modifica el valor de los elementos acumulados (esos significantes acumulados que constituyen un saber que el sujeto se vuelve). El final de análisis marcaría el cierre de una experiencia.

El pase intentaba extraer ese saber y obligarlo, con su consentimiento, a compartirlo con una comunidad reunida en una Escuela.

Miller señala que, en el “Prefacio”,1 Lacan se cuestiona el concepto mismo de saber, hasta el punto en el que ya ni siquiera figura la palabra. Ahora bien, es a partir del Seminario XX donde el saber aparece como una elucubración; el lenguaje como elucubración de saber sobre lalengua. Miller nos dirá “la verdad con los colores de la mentira”.2

En la ultimísima enseñanza la orientación es el toro y el nudo borromeo. Lacan solo se preocupa por poner de relieve la resonancia corporal de la palabra, es decir, el eco del decir en el cuerpo. Dicho de otra manera, esta resonancia pone en función el cuerpo y el lenguaje, y el circuito del sentido pasa por estos dos polos. Hace explícitamente de lo real el tercero del par cuerpo-lenguaje, el tercero del par del sentido, y no en una función de interposición, sino, por el contrario, como si este tercero hiciera falta para que concuerden, para que se mantengan juntos el cuerpo y el lenguaje. El esquema de la resonancia estaría soportado por lo real.3 

La interpretación borromea es el forzamiento con el cuál puede resonar una significación que solo es vacío únicamente a condición de que no nos dediquemos a ella (como sugiere el esp de un laps).

En el tiempo borromeo no hay despertar, no hay liberación del sinthome. El saber en la ultimísima enseñanza implica que se sabe que no hay despertar. El ser humano está condenado al sueño.

El fantasma de la estructura implica que el lenguaje ya está presente. “Aprendemos a hablar, dice Lacan, y esto deja huellas”.4 Aprender a hablar tiene consecuencias, y estas consecuencias son lo que llamamos el sinthome

No se trata del decir del fantasma, hay una inadecuación de lo simbólico a lo real. El fantasma solo está asociado a lo real por sugestión imaginaria; por ello hay que intentar asociar lo real y lo imaginario, intentar imaginar lo real. 

En el “Prefacio” nos encontramos con un retorno al pase. Se trata de dos cosas: pase acontecimiento que supone interviene en el curso del análisis y, a continuación, un procedimiento que se ofrece a quien piensa haber sido el sujeto de ese acontecimiento para que pueda comunicar algo de esto a una comunidad analítica. Se trata de poner la elucubración de saber al servicio de la Escuela.

La orientación de la actualidad del pase implica un viraje del inconsciente transferencial al inconsciente real, el final del análisis como satisfacción. Implicaría la demostración de lo real, del sinthome. Pasar del sujeto del significante al anudamiento, a un cuerpo, y, por ende, a una variedad de finales de análisis no estandarizados. Subrayando la singularidad de cada recorrido, sin ninguna universalización posible. El saber como elucubración o verdad mentirosa si se tiene lo real en el horizonte, a cada uno su real.

Entonces ¿cambió el pase? No, lo que cambia es la definición del inconsciente. La apuesta es tomar el inconsciente a ras de las formaciones del inconsciente, hay que limpiarlo de la atención de lo que circula alrededor. Inconsciente real como emergencias de real que distraen la atención.5

Al final del análisis se trataría del criterio del bien decir frente a lo real, saber lo que se satisface. Nos dice Miller que es eso y es también más complicado. “El psicoanálisis no es el triunfo de la ficción, sino más bien la puesta a prueba de la misma para resolver la opacidad de lo real.”6

Un analista sería alguien a quien su análisis le habría permitido demostrar la hystorización como imposible. “En otras palabras, alguien que, habiendo podido legítimamente concluir una imposibilidad de hystorización, podría testimoniar la verdad mentirosa bajo la forma de ceñir el desajuste entre la verdad y lo real”.7

Para concluir, en la transmisión del psicoanálisis no se trata de un saber expuesto como el universitario. El pase no es el testimonio de un éxito sino más bien de un fracaso, a la par que una apuesta a contribuir con la causa analítica. Se fracasa, no puede decirse todo y, sin embargo, aquí estamos, sosteniendo el bien decir del psicoanálisis, a partir del saber leer, uno por uno con su estilo, en la comunidad de Escuela.


  1. Lacan, J., Otros escritos, Paidós Bs. As. 2012, p. 599.
  2. Miller J,-A., Sutilezas analíticas, Cap. VIII “El pase del parlêtre”, p. 128.
  3. Miller J.-A., El ultimísimo Lacan, Clase XII, “Momento de concluir”, p. 171.
  4. Ibídem, p. 190.
  5. Miller J,-A, Sutilezas analíticas, Cap. VIII “El pase del parlêtre”,  p. 132.
  6. Ibídem, p. 135.
  7. Ídem
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