Si hemos apostado por poner al trabajo el significante Uno, ha sido para abrir las vías para esclarecer la lógica y el espíritu que anima a la escuela Una, hemos avanzado ya por este dificultoso camino con los dos trabajos cuidadosamente elaborados por Óscar Ventura, en torno a algunas clases del seminario El Uno solo de J. A. Miller y a las aportaciones de Xavier Giner y Patricia Tassara pues es de nuestro interés abordar lo Uno de la orientación lacaniana desde las perspectivas políticas, clínicas y epistémicas.
Mi aporte pues, está más bien del lado de lo epistémico, a modo de breve recorrido introductorio, a partir del término “rasgo unario” para preparar el camino que nos lleva al seminario 19 … o peor que es el momento que Jacques Lacan introduce lo Uno, de otra manera, presentándolo como el campo de lo uniano y al que hoy Óscar Ventura nos aproximará.
El ”rasgo unario” es un término que parte de lo que fue nombrado por Freud como “rasgo único”, para referirse a un tipo de identificación, lo que llama “identificación por un rasgo único”, les recuerdo que Freud define la identificación como “la forma primera y la más originaria del lazo afectivo”1, el ejemplo que pone es la tos de Dora, signo de la identificación con su padre, “no copia a la persona amada, la identificación es parcial, limitada en grado sumo, pues toma prestado un único rasgo de la persona objeto”.2
La tos, de la que pongo de relieve que es una manifestación corporal, para relacionarlo con lo que Lacan retoma en el seminario La transferencia, en el capítulo titulado: La identificación por “ein einziger zug” , “este einzinger zug, ese rasgo único… sea posiblemente un signo”, y añade que para ser un significante haría falta algo más, “Hace falta que sea ulteriormente utilizado en relación con una batería significante”.3
Si bien el rasgo unario no es lo Uno, Lo uno, como concepto se va a desprender, podemos decir que va a ser una consecuencia, un desarrollo lógico de este rasgo único, contiene, el concepto de Lo Uno, este carácter de signo, anterior a una articulación significante; Lacan introduce o más bien rescata este carácter de signo pues unos meses antes había introducido el trazo unario en relación al Ideal del yo, escribe en Subversión del sujeto: P. 787. “Tomemos solamente un significante como insignia … y tendremos el trazo unario que, colmar la marca invisible que el sujeto recibe del significante, enajena a ese sujeto en la identificación primera que forma el ideal del yo”.4
Es en este baile de significantes: rasgo único, rasgo unario, trazo unario, como en los matices en las traducciones, (traite, se traduce habitualmente por rasgo o por trazo, es un término muy polisémico en francés: ralla, trago …) donde podemos encontrar las sutilezas, los desplazamientos por los finos matices que va introduciendo en el movimiento hacia lo Uno.
Podemos considerar de entrada estas dos vertientes del rasgo unario: El rasgo único como un signo y el trazo unario ligado a la identificación primera que forma el Ideal del yo.
Para hacer esta formulación – la identificación primera que forma el Ideal del yo – Jacques Lacan ha elevado el Ideal del yo a un significante.
En Freud lo encontramos como una sublimación del yo (en el registro de lo imaginario), una idealización del yo; diría que el paso que da Lacan del narcisismo planteado por Freud al estadio del espejo, descrito por Lacan, es que se introduce “la referencia al Otro como una función esencial desde la cual el sujeto se constituye la referencia de su yo”, hay “una referencia original al Otro en la relación narcisista” y añade: “Esta mirada del Otro, debemos concebir que se interioriza mediante un signo”.5
“Este punto I mayúscula del rasgo único, ese signo del asentimiento del Otro sobre el cual el sujeto puede operar”
No contamos con la publicación del seminario 9 La identificación, he preferido no tomarlo como referencia.
Y doy un salto al seminario 14, La lógica del fantasma, en el que el rasgo unario, ahora ya nombrado así, en el que hay al menos dos referencias, una al principio y otra hacia el final de este seminario.
La primera la encontramos en el capítulo II: La paradoja de Russell. Hemos dado el salto a la introducción de la lógica que es en lo que Jacques Lacan se va a apoyar a mediados de los años 60 para construir lo que entendemos por el discurso analítico, su apoyo principal es la teoría de los conjuntos pues es la función de los conjuntos lo que está en la base del fundamento de la lógica, de la lógica del fantasma y de la lógica de la cura.
Pondría de relieve dos cuestiones: se trata de una lógica que admite la contradicción – por eso le interesa la paradoja de Russell – y porque es una contradicción que se puede escribir con letras, manipulando letras, y pone el siguiente ejemplo … “puedo formar un conjunto con la simpática persona que está mecanografiando, el vaho que empaña el vidrio y con una idea que en este instante pasa por mi cabeza. Esto constituye un conjunto de tres elementos de carácter heteróclito, es decir heterogéneo … puedo aplicar sobre cada uno de los tres objetos un rasgo unario.”6 En mi lectura diría que es la introducción a la idea de que la fórmula del fantasma está compuesta por dos elementos heterogéneos el sujeto barrado y el objeto a, que es del orden de lo inconmensurable.
A lo largo de este seminario pone en relación el 1 y el a, lo que dejo para estudios posteriores.
Solo dejar planteado que la función del rasgo unario está ligada a la función de la letra, es muy interesante lo que dice al final de este capítulo II, en el que dice que la lógica es un mero juego de escritura “que se apoya en la función de una falta dentro de aquello mismo que está escrito y que constituye el estatus de la función de la escritura.”7
Esta vía tomará su desarrollo en el seminario 18: De un discurso que no fuera del semblante, en concreto en la clase, en el escrito titulado: Lituratierra, neologismo con el que aborda las relaciones del semblante, la letra, el cuerpo y el síntoma, para transmitir, si puedo decir de un modo muy reducido que se puede leer el síntoma como una escritura en el cuerpo hecho de letras, de marcas, de trazos …
Ya avanzado el seminario 14 en la clase 15, La verdad del goce, introduce la referencia a Shitao, a su Discurso acerca de la pintura, para decir al menos dos cuestiones, que el interés por lo “unario” es muy antiguo, tenemos esta referencia anteriormente en la filosofía griega, y para establecer una relación con la escritura de la falta de significante en el Otro S(Ⱥ).
Paso a leer el primer párrafo de este poema y el último verso
La pincelada
En la más remota antigüedad no había normas.
La sencillez primordial no se había escindido.
En cuanto la sencillez primordial se escindió, apareció el arte.
¿En qué se fundamenta el arte de pintar?
En el trazo de una sola pincelada.
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Una vez establecido este arte de la pincelada,
pudieron mostrarse las diez mil cosas.
Por eso se ha dicho:
“Mi camino lo liga un único trazo”8
Concha Lechón
- Freud S., Psicología de las masas y análisis del yo (1921), Obras completas. Vol. 18, Buenos Aires, Amorrortu, 1986, p. 100
- Ibid, p. 101
- Lacan, J., El seminario, Libro 8, La transferencia, (1960 – 1961), texto establecido por J. A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 395
- Lacan, J., “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano (1960). Escritos 2. Siglo XXI, 1988, p. 787
- Op, cit, 395
- Lacan, J., El seminario, Libro 14, La lógica del fantasma, (1966 – 1967), texto establecido por J. A. Miller, Buenos Aires, Paidós, 2023, p. 33
- Ibid, p. 37
- Shitao, Apuntes sobre pintura del monje Calabaza Amarga. Ed Tres portales, 2024, p. 45 – 47