Y qué decir de Wenders…

Para algunos de nosotros representa una figura esencial de la modernidad cinematográfica, especialmente por su capacidad para descubrir y dejarse fascinar por otros universos fílmicos. Su encuentro con el cine americano marcó profundamente su obra, y de ahí nacen títulos ya emblemáticos como «El amigo americano”—adaptación de una novela de Patricia Highsmith, en clave de cine negro—, “París,T exas”, impregnada de la mitología del western (John Ford, “Centauros del desierto”), o “Cielo sobre Berlín”, donde, junto al escritor Peter Handke, regresa a Alemania y permite rastrear sus raíces en la nueva ola del cine alemán: Fassbinder, Herzog, Volker Schlöndorff, Margarethe von Trotta.

Su estilo —planos generales, contrapicados, su forma de filmar la arquitectura urbana—especialmente visible en “Cielo sobre Berlín”, dialoga con cineastas alemanes anteriores a aquella renovación. Fueron ellos quienes, a finales de los cincuenta, reaccionaron contra un cine posbélico que ofrecía una Alemania idealizada y cinematográficamente pobre. Entre ellos destaca Alexander Kluge, mentor de toda esa generación e impulsor del “Manifiesto de Oberhausen”, donde se proclamaba la muerte del viejo cine alemán. De ese gesto fundacional surge, en buena medida, Wim Wenders.

Su filmografía atraviesa diversas etapas estilísticas: el nuevo cine alemán, la cultura estadounidense, la fotografía —con la decisiva colaboración de Robby Müller—, la música rock y, finalmente, una aspiración a la depuración contemplativa que hunde sus raíces en su maestro Yasujiro Ozu.

En su etapa estadounidense, Wenders se sumerge en la cultura americana: música, desiertos, mitología del western, novela negra. De ahí su colaboración con Sam Shepard en París, Texas—con la inolvidable música de Ry Cooder—, El amigo americano (1977) o Hammett (1982).

Pero la admiración por Yasujiro Ozu siempre estuvo presente, y adquiere forma explícita en “Tokio-Ga” (1984).

Fotograma de la tumba de Yasujiro Ozu en “Tokio ga” de Wim Wenders. 1984

En ella aparece La tumba de Ozu. Allí aparece el significante que enlaza a ambos cineastas: el epitafio “Mu”. Wenders muestra que en la lápida no hay nombres ni fechas, solo el ideograma japonés “無” (mu), “nada”, “vacío”: el concepto que Ozu eligió para su descanso final.

Después llega, en su filmografía, una etapa documental y de experimentación tecnológica: “Buena Vista Social Club”(1999), “Pina”(2011, en 3D), “La sal de la tierra(2014),“El papa Francisco, un hombre de palabra”(2018), “Perfect Days” (2023) y “Anselm”(2023), donde retoma el 3D como herramienta expresiva.

Wenders, antes que cineasta, es fotógrafo. De ahí su profundo sentido de la imagen, un aspecto que anticipa la reflexión sobre el komorebi —el destello entre luz y sombra— (concepto japonés que el director cita después de los títulos de crédito) y que atraviesa “Perfect Days

Con Perfect Days vuelve al cine de ficción desde una mayor depuración formal, recogiendo su pasión por Ozu y por Japón, país que considera su segunda casa. No es casual que el protagonista lleve el nombre del personaje central de “Cuentos de Tokio” (Ozu): Hirayama.

La película nace como un encargo para filmar los baños públicos de Tokio, rodada en formato cuadrado —un guiño a Ozu—. Y es significativo cómo el komorebi aparece ya en la enunciación del propio director. 

Fotograma de plano picado en títulos de crédito de “Perfect Days” Wim Wenders. 20231

Wenders escribe su nombre en un plano picado, buscando ese destello entre las hojas, y enlazándolo con la mirada de Hirayama, siempre atenta al equilibrio entre luz y sombra.

En el momento del estreno algunos críticos señalaron lo siguiente: “Wenders ha regresado cuando ya nadie lo esperaba”.

Charo Jiménez


  1. Rodríguez Serrano, Aaron. Perfect Days, Wim Wenders. Del Ligero caminar. Revista EAM cinema. 2023.

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