La construcción del caso: Del relato de la historia a poder extraer una lógica.

Voy a traer hoy una perla de las tantas que hemos tenido en esta semana en París a propósito del XV Congreso de la AMP (2026) “No hay relación sexual”. Esta frase que quiero compartir aquí, es de Patricia Bosquin Caroz, donde ella dice que el control tiene una “función de depuración”.

El trabajo de control no es la construcción del caso como presentación, que hacemos al conjunto de colegas de nuestra comunidad analítica, pero sin embargo, podemos mencionar algunos puntos importantes de convergencia.

Para llevar un caso al control tenemos un trabajo previo de construcción, tenemos dudas que nos interrogan respecto de la dirección de la cura que dirigimos, tanto del lado del analizante como también del lado del acto del analista (dicho en términos generales), y por supuesto en relación a la transferencia, bisagra fundamental puesto que no nos olvidemos que el analista practicante en la construcción del caso y por supuesto en el control, transmite el trabajo que hace con el paciente siempre bajo transferencia,  testimoniando de un punto de impasse.

¿Pero qué trasmite?. Hemos escuchado a Fabian Fajnwaks señalar muy claramente que cada vez que un analista practicante habla de un caso, habla de él, o mejor dicho, habladesde el lugar en el que está concernido, en relación a su propio análisis; esto es y enunciado rápidamente: tomado en cierta medida por los puntos ciegos que impone el propio fantasma. Esto no lo digo en términos negativos sino más bien prevenidos de ello; de ahí por supuesto de la importancia del control y del análisis personal.

Se ve claramente cuando el practicante queda muy conmovido por alguna historia a veces terrible, que impide ver el goce que está en juego para el analizante, o bien justifica, los impasses del sujeto por alguna cuestión, mal llamada de la realidad, pero que en verdad, toca los puntos oscuros que habitan su propio goce (el del practicante). Si un analista practicante queda conmocionado por los dichos del paciente, dicha conmoción pertenece al analista en cuestión.

El punto fundamental reside en que como dice Lacan en “La dirección de la cura”1, la resistencia está siempre del lado de quien ocupa el lugar del analista y no del lado del paciente. 

Entonces podemos decir que la construcción del caso trasmite la particularidad de cada experiencia siempre bajo transferencia, desde el deseo de quien lo expone. Deseo que podrá decantarse según el recorrido del propio análisis, en lo que llamamos: deseo del analista. El analista está entonces en un primer plano y la construcción que hace da testimonio de su posición.

Volvamos a la “depuración”, ¿qué podemos decir al respecto ? 

En primer lugar diría que se trata de poder separar el Pathos de la historia que atraviesa el sujeto. 

Marta Serra en un texto publicado en la revista: «El Psicoanálisis Nº 13”2 señala que el caso clínico muestra a un sujeto que está afectado por su historia y no por su biografía, en el sentido de poder separar los datos biográficos y poder entonces recortar las marcas que dejaron puntos de inflexión en la vida del sujeto, marcas que dieron lugar a un funcionamiento de repetición, tanto del orden de la repetición significante, que permitiría aislar por ejemplo un significante Amo,  como también repetición de efectos de goce; es decir, la repetición entendida “como una conmemoración del resto de goce”3; esto es, de la presencia del objeto a, inscrito como plus de goce. 

Todo ello supone una cierta “depuración”; una cierta decantación, de dicho relato, como del Pathos que inunda la escena y al sujeto mismo. Se trataría pues de realizar un trabajo: para”poder aislar que de lo real se presentó de manera traumática”, porque no toda la historia es traumática, por mas difícil que sea.

Resumiendo entonces, la construcción de un caso no tiene que estar soportado por el relato en sí, sino por una lógica que imprime una dirección.

De manera práctica diría, que tenemos pues la lógica, que no responde a otra cosa que lo que llamamos lógica de la cura, cura orientada por lo real, pues nos indica firmemente de que se trata una cura para el psicoanálisis; y una lógica que corresponde a la depuración antes mencionada.

Esta  última estará sostenida por un eje central que marcará un ordenamiento y que en cualquier caso responderá a un momento de la cura que se desea dar a conversar a la comunidad analítica. 

Si hay un eje central en la construcción del caso, no hay “un todo” del decir analizante, porque no se puede decir “todo” pero además porque ese recorte que hace el analista practicante, implica un intento de formalización de algunos aspectos de la teoría, claramente clínicos, siempre vinculados a la singularidad que el caso comporta;  lo que también exige un trabajo de depuración. 

¿Entonces que recortar? Ello está en relación a lo que queramos poner en cuestión; puede tratarse de los impasses de la transferencia, o de la entrada en análisis, o de cierto quiebre fantasmático, o de como hacer con un cuerpo que se fragmenta o de ciertos fenómenos del lenguaje que dan cuenta de un fenómeno forclusivo, de la angustia, o mismo de la posición del analista, de su acto, del efecto de una interpretación, etc. 

En definitiva son muchos los elementos en los que podemos centrar nuestra dirección;  sin embargo privilegiar uno u otro implica siempre un ordenamiento que concierne al propio analista y por ello los movimientos que se producen en la cura deben estar presentes en el caso clínico que damos a ver.

Respetar y extraer la singularidad de un caso implica aplicar dicha lógica a poder captar la modalidad de goce del sujeto, y a su saber hacer con él. Pero también esa singularidad indica la manera que un sujeto ha conseguido inventar nuevas formas para anudar aquello que se presenta suelto. 

Es decir, un caso clínico viene a testimoniar de las “singularidades” y eso significa encontrar lo “imposible de soportar” para ese sujeto y aunque suene evidente, porque si un caso es siempre uno por uno, no lo es por los hechos acontecidos de la historia, sino por las marcas de goce, que vemos reflejado en los significantes y que han dejado un efecto sobre el cuerpo produciendo que el relato oriente un “destino” a veces muy mortificante para el sujeto.

Una formalización supone considerar los aspectos relevantes de una episteme que orienta nuestra formación y que es importante poder captar en el trabajo que realizamos,  a la vez, que nos permita poder dar cuenta de ello; toda una puesta en acto de la “transferencia de trabajo”.


Ruth Pinkasz


  1. Lacan, J.(1987). La dirección de la cura y los principios de su poder. En Escritos 2 (pp.xx-xx). Siglo XXI Editores.
  2. Serra Marta, El Psicoanálisis Nº13. Revista de la ELP. Año 2008. pag. 62
  3. Miller, J.-Alain, Silet. Ed Paidós, Bs As. Año 2025, pag. 218
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