Siento una vibración, entonces disparo
Un pistolero llamado Abel Crow, el mayor de seis hermanos, nos cuenta las historias presentadas como un mosaico sucesivo de acontecimientos de su extraordinaria vida. También singulares epifanías descritas con belleza inigualable. Abel. Un western metafísico es una conmovedora novela de Alessandro Baricco editada por Anagrama en 2024.
Apenas unas pinceladas descriptivas nos sitúan en un espacio geográfico incognoscible: la noción de frontera no existe, los límites del territorio se desdibujan, solo la presencia de los pueblos originarios con los que Abel se relaciona podría situarnos en el oeste más cercano al Pacífico, pero también en los grandes espacios al norte de Arizona, o Dakota. Es precisamente esa indefinición territorial, ese no lugar, físico espiritual, en donde se desarrollan las historias que nos cuenta Abel. Esto permite recorrer la novela como en un sueño: acompañamos al narrador en una intimidad casi perturbadora. Abel es un pistolero al servicio de la ley. Sus habilidades con las armas provienen de la exquisita enseñanza de su Maestro, un ciego que pagó con sus ojos su extraordinaria puntería. Abel aprenderá con él a realizar el disparo que llaman Místico que lo convierte en un pistolero legendario.
La extraña familia de Abel –padre degollado por indios, “con hastío”, una madre que comete incesto, y que abandonará a sus hijos un buen día sin explicación, sus prodigiosos encuentros con indígenas, el Maestro y una peculiar joven, hija de un doctor que cura la locura, conforman un recorrido no lineal por la vida del pistolero. Retazos de cada uno de los momentos seminales de su vida que comienza con la percepción de lo Intacto, el mundo aún no hollado por el blanco. “Qué pastos” murmura el padre a la vista de la pradera, quien según Abel “Estaba viendo un proyecto en donde aún solo había esencia”. Los salvajes forman parte de lo Intacto: “están en la nervadura principal de mi vida”, como su hermano Joshua, el loco, y al que Abel visita en la cárcel para preguntarle si el azar existe: “(…) sí, pero de forma ocasional. Es una variante periférica de lo real”. Abel cuenta con dos ayudantes de sheriff, uno adecuado a las necesidades del puesto, y otro que solo permanece a su lado porque es capaz de citar a Voltaire de memoria. Abel todo lo ejecuta con sencillez, con la parsimonia de quien conoce un más allá de lo evidente. Desgranará el asesinato del padre, el atravesamiento de las tormentas, los encuentros con las brujas indias, la soledad y el miedo, el sexo con la madre, su rescate cuando ella está a punto de ser ajusticiada, la relación con sus hermanos, el inconmensurable amor que siente por la hija del doctor, “una parte de mi mente está reservada a la grata e ininterrumpida tarea de saber que ella está ahí”, el rinconcito en el que se protege de la voracidad del mundo, aunque ella entre y salga de su vida con libertad absoluta. Su relato es espiritual, intangible, las fronteras de lo exterior y lo íntimo están tan desdibujadas como la propia geografía.
Baricco toma el género western y lo transforma en un ensayo filosófico con reflexiones repletas de ironía y hondura, sexo y violencia, duelos a pistola –Abel solo dispara cuando experimenta la vibración en su cuerpo que traza el camino de la bala–. Y así explica la reverberación profunda del aliento del universo, puesto que “La vida fluye de todos modos, no nos necesita para hacerlo”.